El símbolo de la esperanza Parlamentaria aguerrida, madre cariñosa y con un temple de acero, la ex candidata presidencial estuvo en poder de las FARC por seis años y medio.
ANTES DEL SECUESTRO • Ingrid Betancourt abraza su libro La rage au coeur (La rabia en el corazón), el 26 de marzo del 2001.
Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial colombiana que pasó seis años y cinco meses secuestrada por la guerrilla, hoy es el símbolo viviente del conflicto colombiano.
Fue plagiada el 23 de febrero del 2002 en plena campaña electoral junto a la candidata a la vicepresidencia Clara Rojas, su compañera de fórmula por el partido Oxígeno Verde, quien fue liberada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) el pasado enero con ayuda del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Hasta su secuestro, Betancourt, que hoy tiene 46 años, era una joven política vivaz, batalladora y controvertida, la imagen contraria de lo que mostró un video divulgado en noviembre del 2007. Las imágenes reflejaban a una mujer con el cabello muy largo, demacrada, triste, con la mirada perdida y encadenada en algún lugar de la selva colombiana.
Un mes antes de conocerse el video, Betancourt ya dio muestras del estado en que se encontraba en su última carta conocida, fechada en octubre pasado y dirigida a su madre, la ex parlamentaria y ex reina de belleza Yolanda Pulecio. Allí lamentaba su situación y decía sentirse degradada, pero también esperanzada, una de las características de su personalidad junto a la intrepidez y la persistencia.
A veces esos rasgos han rayado con la imprudencia, como cuando fue secuestrada por las FARC. Pese a las voces que le advertían del peligro que corría, Betancourt viajó al selvático y sureño departamento del Caquetá, tres días después de que el entonces presidente Andrés Pastrana declarase rotas las negociaciones con las FARC, iniciadas en 1998, y ella y Clara Rojas fueron capturadas por la guerrilla.
Además de arrojo, Betancourt siempre ha demostrado no tener pelos en la lengua. En la presidencia de Ernesto Samper (1994-1998), Betancourt dijo a toda voz en el Congreso colombiano que el país era gobernado ´por un delincuente´ e incluso hizo una huelga de hambre cuando el Mandatario fue absuelto de las acusaciones de haber contado con financiación del narcotráfico.
En 1998, Betancourt fundó su propio partido, Oxígeno Verde, de corte ecológico, con el que logró su escaño parlamentario y se inscribió como candidata presidencial.
Antes de la política, Betancourt llevó una vida descansada en Europa como esposa de un diplomático francés, Fabrice Delloye, padre de sus hijos, Melanie y Lorenzo, del que se divorció años después.
El asesinato de postulantes presidenciales, un frustrado proceso de paz con las FARC, la ocupación del Palacio de Justicia que causó la muerte de más de un centenar de personas y el surgimiento del ´narcoterrorismo´, la hicieron pensar.
Sabía, tal como le inculcó su padre, Gabriel Betancourt, quien fue ministro de Educación y embajador ante la Unesco, que ´tenía una deuda´ con Colombia. Y regresó después de más de 10 años en Europa, durante los cuales se graduó en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.
La familia Betancourt recibió la primera ´prueba de vida´ el 24 de julio del 2002: un video en el que la política conservaba sus bríos rebeldes, rechazaba el canje propuesto por las FARC y saludaba a su segundo esposo, el publicista colombiano Juan Carlos Lecompte.
Como regalo de cumpleaños, Lecompte lanzó el 25 de diciembre pasado sobre la selva colombiana 20.000 volantes con fotos recientes de los hijos de Betancourt, con la esperanza de que alguno llegue a ella.
´Este es un momento muy duro para mí (...) piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel (...) estoy mal físicamente (...) no he vuelto a comer, el apetito se me bloqueó, el pelo se me cae en grandes cantidades´, relató en una carta que llegó a fines del 2007. Betancourt intentó escapar varias veces de sus captores, según pudieron contar los pocos que lo consiguieron. Bogotá, EFE
“Piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel”, escribió Betancourt.