El mundo entero apenas si despierta del sueño que parece ser la noticia de que la franco-colombiana Ingrid Betancourt, rehén de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante seis años, ha sido liberada al fin.
El drama de la ex candidata presidencial mantuvo en vilo a la población mundial desde el día de su secuestro, pero la expectativa se había acrecentado este año. Primero en enero y después en febrero, la esperanza de salvarla, tras fuertes rumores de que padecía una grave enfermedad, se perdió en la nada. Incluso una operación de rescate resultó fallida en plena selva.
Ayer, los primeros alertas noticiosos de las agencias de información llegaron a Bolivia aproximadamente a las 15.40 para dar cuenta de la liberación de Betancourt, de tres estadounidenses y de once policías y miliares rescatados sanos y salvos por el Ejército de Colombia.
La “Operación Jaque” se desarrolló en la zona selvática del departamento de Guaviare, en el sureste colombiano, y desató una inmensa ola de reacciones de júbilo y felicidad, no sólo en ese país sino en todo el mundo.
En cuanto a la política de seguridad implantada por el presidente Álvaro Uribe, este extraordinario golpe a las FARC puede ser considerado, sin necesidad de mayores conjeturas, como el definitivo para esa guerrilla. En la operación, realizada por un grupo de élite de las Fuerzas Armadas colombianas, fueron capturados varios guerrilleros, entre ellos un jefe de las FARC conocido sólo como César, según informó el ministro de Defensa de ese país, Juan Manuel Santos.
La autoridad reveló inicialmente que el Ejército logró engañar a la guerrilla de las FARC e infiltró la cúpula de ese grupo.
La conmoción inicial que produjo el rescate de Betancourt y otros 14 secuestrados, poco a poco, se fue transformando en regocijo hasta estallar en una fiesta en las calles del castigado pueblo colombiano.
La rehén más famosa de las FARC, de 46 años de edad, había tratado de escapar al menos cinco veces de los guerrilleros que la secuestraron el 2002. “La vida aquí no es vida... Estoy mal físicamente. No he vuelto a comer... el pelo se me cae en grandes cantidades”, escribió el año pasado, en una carta dirigida a su madre.