La operación con un helicóptero militar que permitió liberar a 15 rehenes prisioneros de las FARC, incluyendo a Ingrid Betancourt, mostró el alto nivel de las fuerzas especiales y de los servicios de inteligencia colombianos, dijeron expertos franceses.
“Engañar a la gente, infiltrar agentes, y después de hacer que los acepten en el primer círculo de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que son muy desconfiadas, no debe haber sido fácil”, dijo una fuente y agregó que se muestra que las FARC están “debilitadas”.
Cuando llegó al poder, el 2002, Álvaro Uribe “puso el énfasis en las fuerzas especiales para luchar contra las FARC y los secuestros”, indicó Guillaume Belan, autor de un artículo sobre estas fuerzas.
El ejército colombiano tiene unos 12.000 soldados de las fuerzas especiales, dirigidas por un comando ad hoc. Hay una brigada de las fuerzas especiales (cuatro batallones, o sea 2.000 hombres) y la fuerza móvil Omega, creada el 2004 para luchar contra las FARC. Esta fuerza integrada por cuerpos de las fuerzas armadas tiene 10.000 efectivos.
Las fuerzas especiales son formadas y entrenadas en Tolemaida. El ejército colombiano tiene instructores “Lanceros” que entrenan para el combate en la jungla y las tomas de rehenes, en condiciones muy duras, a militares colombianos, norteamericanos, británicos o franceses.
Según Belan, estas fuerzas están equipadas con materiales modernos: fusiles de asalto israelíes Tavor con mira holográfica, fusiles M-4 y helicópteros Blackhawk estadounidenses.
Más de 1.000 boinas verdes, instructores israelíes y miembros de las SAS británicas trabajan como asesores de estas unidades. “Desde hace cinco años, las fuerzas especiales colombianas alcanzaron un nivel asombroso”, sostiene Eric Denécé, director del Centro Francés de Investigación sobre la Inteligencia (CF24).
“El ejército colombiano, y sobre todo sus fuerzas especiales, no es un ejército del Tercer Mundo. Las fuerzas especiales, integradas por hombres rústicos y endurecidos, están bien equipadas, entrenadas y motivadas, ya que no hay deserciones ni corrupción”, dice Denécé. París, AFP