Qué tienen en común ciudades como La Paz y Río de Janeiro, además de dividir en dos mi corazón? Pasé buena parte de mi primera juventud en la cidade maravillosa. Adoro La Paz a las seis y quince de la tarde, cuando los Impresionistas se hacen cargo de los colores de la ciudad y prenden el Illimani, para que brillen las collitas poliglobúlicas. En una primera aproximación, la respuesta debería ser directa y sin dubitaciones. Nada. Una está a 3.600 metros de altitud, la otra se debruza sobre el mar, haciéndolo retroceder con su belleza. La Paz tiene dos estaciones, el invierno y la estación del tren. Río es un eterno verano donde cualquier día puede ser domingo. Así, podríamos apuntar decenas de diferencias. Pero leyendo As Trilhas para o Rio (una traducción libre sería: Los caminos para Río), un provocador libro sobre desarrollo urbano del economista ítalo carioca Andre Urani, descubría que, en realidad, tienen un secreto en común que atormenta sus discos duros psicoso-
ciales. Por disímiles razones y en tiempos diferentes, ambas metrópolis-regiones fueron perdiendo la condición de ser centros del poder político, lo que las llevó a extraviar su norte económico y descarrilar sus trenes de desarrollo. En el caso de Río, la ballena encalló. En La Paz, la llama se sentó. En efecto, hasta 1960, Río de Janeiro era la todopoderosa y coqueta capital de Brasil. En semanas, el poder hizo maletas y se trasladó a Brasilia. Según Andre, Río perdió sus vocaciones originales de buscar la felicidad económica. La Paz, hace varios años viene dejando de ser la sede de gobierno de Bolivia; poco a poco, sin que los paceños se den cuenta, en algunos casos, y en otros sin que lo acepten. Para La Paz, la erosión de la centralidad del poder es lenta pero segura. Con la descentralización administrativa a inicios de los años 90, la Ley de Participación Popular y el proceso autonómico en curso, la política y por lo tanto el poder se traslada, sin prisa pero sin pausa, a las regiones, sean éstas municipios o prefecturas. La economía paceña había girado en torno de los servicios del Estado, lo que inhibió sus vocaciones productivas. Ahora que el poder hace sus quepis para emigrar, La Paz se ve con una mano al frente y otra atrás. Leyendo el libro de Andre Urani, además descubro que ambas regiones, La Paz y Río, comparten el complejo y doloroso desafío de reconocer la caída y reinventar el futuro. Los diagnósticos y reflexiones sobre Río, en realidad, son válidos para cualquiera de nuestras regiones y ciudades en América Latina, que, según Urani, fueron víctimas del Edipo nacional desarrollista y centralista, que castró el potencial del territorio como espacio de creatividad económica.
El libro muestra que en un barrio de la ciudad de Río de Janeiro, en la distancia de una favela y un edificio de clase media, puede existir un siglo de brecha en términos de desarrollo humano. Asimismo, resalta cómo el desorden institucional y político erosionó el espacio regional de las políticas públicas. Finalmente, con el ejemplo de Río, muestra cómo nuestras comunidades están desperdiciando tiempo y recursos por no focalizarse en sus verdaderas potencialidades. Un ejemplo de ello es el destrato a los jóvenes urbanos a los cuales sólo les queda el camino de la violencia y el tráfico de drogas. El diagnóstico sería el mismo para La Paz, Lima o El Salvador.
El trabajo de Urani describe con lujo de detalles programas y proyectos concretos que están en marcha o podrían ser implementados para revertir la crisis económica y social de la ciudad de Río de Janeiro. Pero para nuestros lectores me permitiré colocar algunas ideas del libro en términos más generales y que pueden ser muy relevantes también para otras regiones de Bolivia y, obviamente, para La Paz que languidece por su pérdida de poder político y la falta de alternativas económicas. En primer lugar, se debe revalorizar las políticas públicas desde lo local. La región metropolitana es de donde deben surgir estrategias de desarrollo local. Urani sugiere rediseñar el tiempo y el espacio público, abandonando la dictadura del corto plazo y revalorizando nuestras regiones. Los nuevos territorios son económicos y no sólo políticos, son las nuevas megalópolis, mega-mancomunidades. El libro coloca ejemplos de revalorización del espacio urbano, como los de Barcelona, Milán, Manchester, Bogotá. Segundo, se deben buscar consensos locales, visiones colectivas que apunten al cambio desde el cotidiano de la gente, obviamente sintonizando con una estrategia de desarrollo nacional integral. Para ello, Urani sugiere crear un espacio de participación institucionalizado tanto para el sector privado como para la sociedad civil. En Río ya existe un plan para el 2026, por ejemplo. Tercero, la apuesta por los jóvenes urbanos es crucial en este nuevo desarrollo desde las metrópolis. El programa Río joven va en esa dirección e implica una mezcla de transferencias condicionadas, educación de calidad y fuentes de empleo. Cuarto, asociado a lo anterior está la apuesta a las iniciativas emprendedoras en todos los niveles de la sociedad, empresarios, jóvenes y comunidades.
En suma, La Paz y Río son dos ciudades que pareciera que se dan las espaldas pero que tienen el desafío común de admitir que giraron demasiado en torno del poder político centralizado y que ahora tienen que reinventar su futuro, propiciar una revolución productiva y competitividad desde las ciudades. Este es el mensaje principal del libro de Urani. Más detalles sobre la temática de desarrollo urbano se encuentran en el Instituto de Estudos do Trabalho e Sociedade (IETS), www.iets.org.br.
*Gonzalo Chávez A. es economista.
Dos mujeres valientes
Hay semanas, pocas, en que las noticias internacionales logran competir con las nacionales. Una de esas raras semanas fue la que acaba de pasar, que produjo la reunión del Mercosur ampliado en Tucumán y el rescate de Ingrid Betancourt en Colombia.
Betancourt libre
Primeras planas de periódicos, “prime time” de televisiones y radioemisoras, charlas de café y consideraciones diplomáticas en las cancillerías
¡Y tu mamá también!
La pelea verbal entre Alan García y Evo Morales no está a la altura del estilo y la clase de Madame Betancourt, quien es una verdadera jeune fille rangée de mejor familia aún que Simone de Beuvoir.
Business is business
Se dice que, a principios del siglo pasado, cuando le preguntaron al entonces presidente Theodore Roosevelt si su país debería hacer negocios con otros que tengan una ideología diferente a la de Estados Unidos, éste contestó “business is business”
Mirar en perspectiva
Escribo estas líneas desde la bahía de Halon Bai en el noreste de Vietnam, en medio de un mar de verde profundo y unas gigantescas rocas en las que uno puede presentir al dragón que desciende desde el cielo
Las FARC, en caída libre
Con su precisa e incruenta artimaña de comandos, propia de una desbocada ficción cinematográfica, que ha conducido a la liberación de Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes