En el municipio de Concepción, en Santa Cruz, el centro Fe y Alegría capacita a sus alumnos en el arte del tallado de madera, la metal mecánica y la ebanistería. Sus obras siguen el estilo implantado por los misioneros jesuitas en la Chiquitanía.
Texto: Jorge Soruco R. Fotos: Miguel Carrasco
Con mucho cuidado, José María Chaneilo golpea con el cincel en el bloque de madera. Cada uno de los impactos crea un detalle del rostro de la Virgen María, figura que fue encargada a la escuela taller Hans Roth del municipio de Concepción, en Santa Cruz.
Ángeles con instrumentos musicales, crucifijos de todo tamaño y altorrelieve de distintas partes del cuerpo rodean al artista chiquitano, sirviendo de testigo de los esfuerzos que José María y sus compañeros invirtieron en los tres años que han dedicado al estudio en el centro.
A pocos metros, Freddy Oliveira Leyte, otro alumno de la escuela, asegura que es la práctica lo que más importa en su educación. “Siempre estamos trabajando en alguna figura. Desde el principio, cuando comenzamos con cosas pequeñas, hasta el final, cuando ya cumplimos encargos para el interior del país”.
Desde el inicio de la década de los 70, la escuela Hans Roth capacita a los jóvenes de las misiones y poblaciones aledañas en la talla de madera, la ebanistería, la carpintería y la metal mecánica.
El buen nivel de capacitación del centro permite en la actualidad la recepción de encargos del interior del país para la elaboración de imágenes religiosas para los templos, adornos para las construcciones e incluso recuerdos para los turistas.
La escuela taller recibe a los jóvenes de 16 años en adelante. Su alumnado está compuesto por muchachos de Concepción, San Xavier, Santa Ana, San Ignacio y otras poblaciones de la zona.
La educación no se limita a los conocimientos de mecánica o carpintería. Los estudiantes tienen que cumplir también con reglas de convivencia y urbanidad.
Una parte esencial del currículum del taller es la práctica continua de todo lo aprendido, produciendo estatuas de madera, reparando equipos o muebles, además del dibujo como base.
La experiencia ganada durante los tres años de estudio permite que los estudiantes obtengan trabajo casi seguro. El profesor Milton Villavicencio afirma que “algunos (alumnos) son contratados por empresas de muebles, otros trabajan para otros obispados y los demás fundan sus propios talleres y empresas”.
Nacido como un proyecto del vicariato de Concepción, el taller ha participado también en los trabajos de restauración de los templos barrocos de la región. Para ello, los profesores instruyen a los estudiantes en la utilización del estilo barroco mestizo.
Un estilo ancestral
El barroco mestizo nació en la época de la evangelización de los pueblos nativos de América. Los misioneros católicos instruyeron a los nativos en la construcción de templos a la usanza europea.
Desde principios del siglo XVII, el estilo sacro por excelencia era el barroco, una escuela que realzaba la majestuosidad y otorgaba flexibilidad en las diferentes disciplinas artísticas.
Sin embargo, el arte europeo fue absorbido y adaptado por los pobladores originales de América, dando origen a un estilo propio del Nuevo Mundo.
El profesor de historia y arte de la escuela Hans Roth, Milton Villavicencio, explica a sus alumnos que éste no es un estilo uniforme. “Cada una de las regiones conquistadas por los países católicos adaptó el barroco a su manera. Aquí, en Chiquitos, tenemos un arte que se centra en la madera y que muestra mucha vida y luz”.
Hoy, el estilo mantiene su concepción original, con pocas diferencias entre las obras originales de los primeros chiquitanos convertidos o las producidas por sus descendientes en la actualidad.
“Es nuestro legado. Es parte de nuestra historia”, explica el alumno Alexander Rojas Segovia, opinión confirmada por el profesor Miguel Supayable, para quien “es imposible alejarse de este estilo. Todo el tiempo lo vemos en nuestras vidas diarias, en la iglesia”.
Tanto Supayable como Villavicencio son, a su vez, resultado de esta influencia. Ambos fueron alumnos del taller, de hecho fueron parte de la primera promoción, el año 1975. Esto les permitió formar parte de la reconstrucción de las misiones, principalmente de las iglesias construidas por los jesuitas.
Arte sacro y naturaleza
Al igual que en la época colonial, la Iglesia es un punto central en la educación de los alumnos de la unidad Hans Roth. No es de extrañar, por lo tanto, que la mayor parte de los esfuerzos de los jóvenes se concentren en la elaboración de delicadas imágenes de santos, vírgenes y ángeles.
Con orgullo, Emilio González indica que el tallar figuras para las iglesias “es nuestra especialidad. Estamos entre los mejores, por ello es que recibimos pedidos del interior del país para que les mandemos algunos trabajos”.
Además de buena experiencia, el tallar las imágenes sagradas es una confiable fuente de ingresos. Debido al tiempo dedicado y la técnica aplicada, estas obras no suelen salir muy baratas.
Especial atención llaman los crucifijos, piezas buscadas por los feligreses. Una cruz de madera de tamaño mediano puede costar entre 100 y 200 bolivianos.
“De hecho, la obra más cara que tenemos es una cruz grande, la que incluye una figura detallada de Jesús. Cuesta 500 dólares”, recuerda Villavicencio.
La naturaleza también es un tema recurrente en los talleres de la escuela. “¿Cómo no vamos a tallar animales? Los vemos todos los días, forman parte de nuestro entorno”, explica Freddy Oliveira. Si no lo sabrá Supayable, convencido de que el retratar a los animales es una excelente práctica para la elaboración de detalles.
La misma materia prima es provista por los bosques que rodean a las poblaciones. Desde el duro cuhi, utilizado para los pilares de las iglesias de las misiones, hasta el noble roble, toda la madera es obtenida en la región o en los lugares aledaños.
El proceso de talla no comienza con el cincel y el martillo. Antes de ponerse a trabajar, los alumnos deben elaborar un boceto dibujado a lápiz de la figura en la que piensan trabajar.
Estos dibujos no son simples guías. Mientras José María talla su bloque de madera, consulta su diseño previo, ya que “nos enseñan que debemos ser detallistas en el diseño. Es una guía muy exacta de lo que quiero hacer”.
Mientras están en la escuela, los alumnos no trabajan solos. Paso a paso los profesores ayudan con consejos y corrigen errores para crear el mejor resultado.
De esta forma, golpe a golpe, los alumnos de la escuela Fe y Alegría Hans Roth tallan su camino hacia un futuro mejor.