Sobre la base de que en la diversidad radica la estrategia, el Partido Demócrata estadounidense hace poco vivió una de las más reñidas pugnas electorales en pos de alcanzar nada menos que la nominación para optar por el cargo de Jefe de Estado y de Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.
Si bien ha sido muy comentada la pugna por la nominación presidencial demócrata, al haber sido una singular confrontación electoral entre dos importantes sectores ausentes en las altas esferas de decisión política estadounidense (un negro y una mujer), destacó que Obama no centró su campaña en la discriminación racial, ni Hillary enfatizó en las desigualdades de género. Ambos tenían claramente establecido que no estaban compitiendo un hombre vs. una mujer; sino más bien dos cualificadas personalidades políticas, evidenciando que hacer política en esas jerarquías requiere, entre otras cosas, de una sólida propuesta electoral y a su vez de un buen equipo.
En el marco de la victoria de Obama, me hago eco de una desilusión feminista por la derrota de Hillary Rodham Clinton y, ante las variadas interrogantes y supuestos del porqué de su derrota, enfatizo en el debate que gira sobre el peso que le ocasionó el hecho de ser mujer; y se me vienen a la memoria las palabras vertidas por la senadora Clinton en su discurso de retirada electoral: ´Cuando se me preguntaba lo que significaba ser una mujer candidata a la Presidencia, siempre respondía lo mismo, que estaba orgullosa de ser una candidata mujer, pero que si competía era porque pensaba que yo era la mejor opción para la Presidencia. Pero soy una mujer y, como millones de mujeres, sé que todavía hay barreras y prejuicios, muchas veces inconscientes´.
Si bien en las últimas tres décadas se ha elegido en la región a cuatro mujeres presidentas, se ha incrementado la feminización de la representación congresal y ministerial; es del caso anotar que las mujeres no son un grupo homogéneo, ni tampoco poseen lealtades políticas por género. Y, si a esto le añadimos que las estrategias del marketing electoral priorizan la trayectoria, perfil e imagen política del candidat@, es una dura realidad para las féminas del planeta que la particularidad de ser mujer añade dificultades electorales puesto que todavía subsiste una variedad de estereotipos sexistas.
En fin, la llegada de una mujer al sillón presidencial del despacho oval en Washington era un cambio de importante trascendencia política y simbólica para las mujeres; así que, desde esa óptica, la decepción feminista es muy comprensible.
Por otra parte, como mujer latinoamericana creo que hay razones para sentirse orgullosa por lo avanzado en la campaña de Hillary, puesto que aunque haya perdido, ella se ha visto obligada a enfrentar públicamente la ofensa, escarnio, engaño, humillación y una ardua campaña plagada de presiones. Y si bien ya pasó a la historia como la primer mujer elegida en Nueva York para integrar la Cámara Alta y por ser la Primera Dama elegida para acceder a un cargo público, sin duda alguna lo más valioso es que con su actuación ha consolidado el ideal emancipador de una generación femenina que sigue los pasos del emblema del feminismo norteamericano, Eleonor Roosevelt, y sobre todo ha posibilitado avizorar un futuro no muy lejano en el cual la particularidad de ser mujer no será un impedimento para llegar a la Casa Blanca.
*Mariella Pereyra O. es cientista política.
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