La confrontación y el odio sembrados por el presidente Morales desde el inicio de su mandato comienza a dar sus frutos. La máxima ´siembra vientos y cosecha tempestades´ se está sintiendo con mayor intensidad en Bolivia. Los vientos sembrados ayer son las tempestades recogidas hoy.
Cada día aumentan los departamentos hostiles a Su Excelencia, mostrando un peligroso signo de ingobernabilidad. Para colmo, hay lugares donde ni siquiera tiene pisada. Sólo en el último mes, no ha podido llegar a cinco lugares: Sucre, el 24 de mayo; Trinidad, el 31 de mayo; a la inauguración del puente en Puerto Paila, el 13 de junio; al aniversario del cese de hostilidades de la Guerra del Chaco, en Villamontes (Nicanor Duarte y Fernando Lugo incluidos), el 14 de junio; y en Tarija, el 18 de junio.
A otros lugares tiene que viajar con una impresionante custodia policial y militar... pareciera estar llegando un escenario de guerra. No recuerdo, en mi ya larga vida, que esto hubiera pasado con otro Presidente; por el contrario, he visto a varios de ellos andando tranquilamente por las calles.
La siembra de odio y confrontación, sumada a la pésima gestión pública de Morales, está causando otras nefastas tempestades que hacen sufrir al pueblo boliviano:
En el ámbito político tenemos una democracia ultrajada; la falta de respeto a la voluntad popular expresada en los referendos; un marcado esfuerzo totalitario del Gobierno centralista; la falta de respeto a las leyes (no tenemos Tribunal Constitucional hace siete meses); inseguridad jurídica para las inversiones; la judicialización de la política; violencia continua contra los medios de comunicación; los SS (Sectores Sociales) masistas aplicando la ´democracia del chicote´ a cualquiera que piense diferente, incluso a embajadas; la Policía y el Ejército groseramente manipulados por el Gobierno; un país dividido en permanente campaña electoral.
En lo económico, tenemos un país a la deriva, con un modelo retrógrado que mostró sobradamente su fracaso en otras latitudes. Excesivo gasto público, politización del Banco Central y del tipo de cambio, brutales recortes económicos a las regiones, una inflación creciente que castiga a las clases más necesitadas, aumento de la deuda pública, destrucción del aparato productivo, falta de transparencia en las cuentas estatales, aumento del contrabando.
En el ámbito social tenemos la exacerbación del racismo a niveles nunca vistos (incluido el saquito racista de Evo), la falta de empleos, paros, huelgas y bloqueos por doquier, toma de minas y de edificios gubernamentales, el aumento de la producción de coca y de cocaína, la inseguridad ciudadana, la corrupción pública.
´Ningún país es más mayor que el tamaño de sus líderes´. La Biblia dice: ´Cuando los justos gobiernan, el pueblo está alegre; cuando dominan los malvados, el pueblo gime´.
La cosecha de Morales va viento en popa, y Bolivia se destruye.
*Jimmy Ortiz S. es ingeniero agrónomo.
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