Al Presidente le quedó muy chico el Chapare y, después, Bolivia parece quedarle diminuta. Con la certeza de ser confirmado en el referéndum del 10 de agosto, producto de una inexplicable estupidez política de Podemos, pretende extender su poder hasta donde más le alcance la mano y ahora se proclama como una suerte de defensor de la soberanía de Latinoamérica. Un orientador, que puede inmiscuirse donde le parezca que el Imperio está actuando con éxito. La influencia ´chavista´ está más que cantada, con la diferencia que todos conocemos, y es que Chávez puede hacer lo que quiera, por rico e irresponsable, y Bolivia no, por paupérrima.
En vez de preocuparse por ser guardián de la soberanía de los pueblos latinoamericanos, S.E. debería dedicarse nomás a que sus compatriotas no sucumban ante la desocupación, el hambre y la fuga al exterior. En vez de enfrentarse con EEUU, debiera componer esas relaciones y dejar a Chávez en lo suyo, que se ocupe de insultar a Bush y de lanzar sus arengas fascistas al estilo ´mussoliniano tropical´, como muy bien lo ha definido alguno de los colegas comentaristas. Que no aspire S.E., por imitar, a ser un Mussolini andino, porque estamos fritos; aunque en esa dirección va.
Pero, al parecer, todo lo que se desea sobre un cambio en la política del Gobierno, quedará en buenos deseos, porque ya se anuncia otro encontrón con EEUU y no es otra cosa que una anunciada nueva Ley de la Coca, que enterrará la Ley 1008 (´ley maldita´ para el MAS) y que permitirá el cultivo de 20.000 hectáreas de coca legal en vez de las 12.000 en vigencia. No se dice nada de cuánto hay de coca ilegal, por supuesto. El justificativo, según el Viceministro de Coca y Desarrollo Integral, es que en Perú hay más de 57.000 hectáreas de coca y en Colombia más de 99.000. Entonces, claro, Bolivia no puede quedarse atrás en esta materia en la que es experta y, por lo tanto, hay que sembrar más.
Sabemos muy bien que si Bolivia insiste en aumentar sus cultivos, perderá el ATPDEA hasta fin de año y que eso provocará una catástrofe. Pero el Gobierno, sin duda, tiene alguna solución en la cabeza para sustituir esas pérdidas de empleo y divisas. Una solución como la que anuncian respecto a la Cuenta del Milenio. Dicen que recurrirán a la banca comercial o a las reservas internacionales para obtener fondos destinados a la Marcha al Norte. Cuidado que el proyecto se convierta en una Marcha al Carajo y afecte el desarrollo de La Paz, Beni y Pando.
El futuro en los próximos meses y años se ve turbulento y sin muchas esperanzas de mejorar. La segura ratificación de Evo Morales y los albures que correrán los prefectos, pueden dar al traste con la oposición regional y cívica que, ante la pasividad y extravío de los partidos políticos, es el único garrote persuasivo para este gobierno.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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