Bolivia se adelantó en muchas de las medidas antiinflacionarias que ahora se están aplicando en el mundo. La inflación se ha constituido en el malestar general de muchas economías del mundo a partir del 2007, y en la preocupación de autoridades gubernamentales nacionales e internacionales quienes han asumido un conjunto de políticas para enfrentar la crisis alimentaria, asociada a los altos precios de alimentos y energía. Bolivia fue uno de los primeros, sino el primero, en la ejecución de políticas antiinflacionarias en el año 2007.
A esta altura de la historia, no hay duda de que la inflación de estos últimos años es un fenómeno mundial. No sólo Bolivia enfrenta una elevada tasa inflacionaria, el mundo también sufre los embates del alza de los precios. Principales economías como Estados Unidos, la Zona del Euro y la emergente China experimentaron el ascenso en sus niveles de precios desde el último trimestre del 2006, alcanzando en mayo del 2008 tasas que superan las previsiones de inflación de analistas y de los propios bancos centrales. En la India, la inflación se hizo evidente desde el 2007, y en Japón, donde hasta hace diez años se observaba una continua deflación, la inflación a 12 meses alcanzó en mayo del 2008 el 1,3%.
Hasta el mismo Bernanke, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que hasta el momento había mantenido una política de recortes de las tasas de interés por el temor a la recesión de su economía, ha manifestado la semana pasada que ahora su prioridad es combatir la inflación, aunque se encuentra en un dilema: luchar contra la inflación a costa de desacelerar aún más la economía estadounidense.
En la región latinoamericana, en mayo del 2008, Ecuador y Perú registraron una inflación a 12 meses seis veces superior a la de similar período del 2007; Chile y Panamá triplicaron su tasa inflacionaria; en Bolivia y Nicaragua se incrementó 2,6 y 2,5 veces respectivamente; mientras que en Guatemala, El Salvador, Honduras, Brasil, República Dominicana, Paraguay y Venezuela la inflación se duplicó.
Muchos son los factores internacionales que conllevaron al ascenso de precios a escala mundial: i) la creciente demanda de materias primas y energía de China e India, y el cambio en el patrón de consumo de alimentos en estos países, especialmente los agrícolas, ii) la producción de biocombustibles y la sustitución de insumos para éstos, en detrimento de cereales y otros alimentos, iii) los factores climáticos adversos, como sequías e inundaciones en varias regiones productoras del mundo que mermaron las existencias de principales granos; y iv) recientemente, el efecto de la crisis hipotecaria y financiera originada en la ´crisis subprime´ de los Estados Unidos, que incentivó a los inversores a especular con los precios de combustibles y granos, y elevarlos.
En efecto, el precio del petróleo se ha duplicado respecto a junio del año pasado, superando una cotización histórica de $us 140 el barril. Los precios de los granos se expandieron abruptamente en los primeros meses de este año, el precio del maíz se incrementó en 55,6% respecto a mayo del 2007; la cotización del arroz, cuya tonelada métrica hasta febrero no superaba la barrera de los $us 500, en sólo dos meses superó los $us 1.000; el importe del trigo ascendió en 68% en un año, lo cual incide en el alza del precio de sus productos derivados (harina de trigo, fideo, entre otros). Bolivia importa estos productos a precios internacionales, éste es el costo que estamos pagando por un modelo neoliberal que destruyó la capacidad productiva del país al privilegiar al comercio antes que a la producción agropecuaria.
De acuerdo con la FAO, estamos frente a una crisis alimentaria mundial no vista en los últimos 25 años, por lo tanto, en este lapso de tiempo, ningún gobierno en el país enfrentó esta escalada de precios mundiales de alimentos. Aquí cabe preguntarse: ¿qué habría sucedido con los precios de los alimentos en Bolivia de continuar la economía de mercado, seguramente, sin la intervención del Estado? Los precios hubieran seguido la tendencia marcada internacionalmente y el pan estaría costando cuatro veces más.
Este panorama de precios altos ha provocado el descontento generalizado de la población, que ve la pérdida de su poder adquisitivo y se ha manifestado en continuas revueltas y conflictos, que se agudizaron en los últimos meses en distintos países. Ante esta situación, los gobiernos y organismos internacionales han tomado cartas en el asunto con el fin de mitigar los efectos de la crisis alimentaria, especialmente en los sectores más empobrecidos. Bolivia se adelantó en muchas de las medidas antiinflacionarias que ahora se están aplicando en el mundo; políticas acertadas y efectivas que mostraron como resultado una inflación controlada.
En Latinoamérica, las autoridades gubernamentales han asumido un conjunto de políticas antiinflacionarias: i) apoyo y financiamiento productivo (Bolivia, Brasil, Colombia, México y países centroamericanos); ii) liberalización de las importaciones (Bolivia, Perú, México y Centroamérica); iii) restricción a las exportaciones (Bolivia, Brasil y Argentina); iv) reducción de impuestos (Perú y Venezuela); v) política de tasas de interés (Chile, Perú y México); vi) acuerdos con sectores productores y/o comercializadores (Argentina, Venezuela y México); vii) subsidios a la población pobre (México); viii) permanencia de los subsidios energéticos (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá y República Dominicana), entre las principales políticas asumidas.
Bolivia está entre los países cuyas políticas económicas no sólo apuntan a combatir la inflación, sino también a resolver el problema aumentando la producción de alimentos a través de Emapa y de los créditos del Banco de Desarrollo Productivo.
*Luis Alberto Arce C. es Ministro de Hacienda.
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