El Gobierno del Perú ha acudido a la OEA para formular una fuerte acusación al Gobierno por incurrir en asuntos internos. Con ello se ha agravado la ya delicada situación que se vive entre los dos países, que permanentemente han mantenido una estrecha vinculación. Como bien expresó un presidente de ese país, Augusto Leguía, los pueblos peruano y boliviano estuvieron ´unidos en el Imperio (Inca), unidos en la Colonia, unidos en la gloria y libertad, unidos en la desgracia…´.
Evidentemente, sólo falta que algún día estos pueblos hermanos también estén unidos en el desarrollo y el progreso. Pero por ahora eso es imposible, ya que el gobierno de Alan García está impulsando una política económica en base al incentivo a la inversión privada y al incremento de las exportaciones, mientras que el de Evo Morales ha determinado llevar una política contraria, desincentivando las inversiones y fomentando la estatización de la economía. Precisamente, Morales se permite criticar a su colega por haber variado la política que siguió en su primera presidencia, muy semejante a la que se quiere implantar en Bolivia. Pero lo que Morales no desea comprender es que el primer gobierno de García fue desastroso y casi conlleva al derrumbe de la economía peruana. Por eso, en su segunda gestión decidió desechar sus ideales estatistas e insertar a su país en una economía capitalista globalizada.
La actual crisis boliviano-peruana es la más grave en 100 años; sólo a principios del siglo pasado, hubo otra que originó un fuerte enfrentamiento que casi provoca la ruptura de relaciones diplomáticas. Fue en julio de 1909, cuando el presidente argentino Figueroa Alcorta emitió un laudo arbitral sobre el problema de Apolobamba que mantenía Bolivia con Perú. El laudo fue considerado injusto por el gobierno del presidente Montes, lo que determinó que se decretase la movilización del ejército.
Felizmente, las cosas se solucionaron prontamente. Mediante un entendimiento directo con Perú que dio lugar al Tratado del 17 de septiembre de ese año, se estableció la frontera definitiva, retornando al solar nacional varias poblaciones fronterizas que el laudo las había entregado a ese país.
Ni siquiera la suscripción del Protocolo Complementario al Tratado de Lima de 1929 fue factor de enemistad con Perú, ya que su gobierno aseguró al nuestro que lo había firmado por presión chilena. Además, le dijo que cuando Perú fuese consultado por Chile sobre la cuestión marítima, siempre tendría gran comprensión con Bolivia.
Sólo una vez hubo la mencionada consulta, en ocasión de llevarse a cabo la negociación iniciada en Charaña. Aunque la respuesta peruana fue confusa, ya que proponía la constitución de un territorio trinacional en la costa del Corredor que Bolivia recibiría de Chile, ella no fue determinante para el fracaso de la misma. Basta recordar que Bolivia propuso posteriormente la reunión de tres representantes especiales, uno por cada país, Bolivia, Chile y Perú. Tanto el segundo como el tercero nombraron a sus representantes, mientras que Bolivia no lo hizo, sino que se limitó a romper relaciones con Chile, dando fin a tan importante negociación.
Ahora bien, el canciller David Choquehuanca ha llegado a afirmar que habría gente interesada en que los dos países rompan sus relaciones. No se sabe a quién se refirió, ya que la única persona que permanentemente critica y molesta al gobernante peruano es el presidente Morales. En consecuencia, sería de desear que el Canciller comience a imponerse al Primer Mandatario en cuestiones internacionales, haciéndole comprender que la agresividad en política internacional sólo puede traer grandes perjuicios al país, mucho más si se trata de Perú, que tiene la llave del candado que encierra a Bolivia en sus montañas.
*Ramiro Prudencio L. es diplomático e historiador.
El pacto de Sarkozy
“Resulta sorprendente que... no hayan sido conscientes de que sus iniciativas no sólo tienen dimensión interna...”
Trepar por un espejo
Los italianos utilizan la surrealista figura retórica de "trepar por un espejo" —peor si está enjabonado—, para sugerir una tarea prácticamente imposible.
Adjudicaciones judiciales
Las adjudicaciones judiciales son ventas judiciales que realizan los jueces para el pago de acreedores insatisfechos o como emergencia de procesos relativos a bienes de menores que necesariamente deben ser vendidos
A la historia se entra de a uno
Ganar la historia fue siempre una ambición central de los grandes políticos. Pocos, sin embargo, pudieron crear alguna forma de eternidad, ya fuera tanto para la abominación como para la gloria, y son aún menos los que entienden lo que eso significa.