El 2 de junio, en los jardines de su residencia, el embajador Silvio Mignano recordó cómo la Asamblea Constituyente de Italia superó ´los intereses parciales y las divisiones contingentes, que eran indudablemente enormes: ideologías opuestas y muy radicadas, existencia de bloques geopolíticos contrapuestos que constituían referencias de cada uno de los movimientos italianos, rencores y acusaciones cruzadas por los dramáticos eventos de la guerra de liberación´ para redactar la Constitución de su país, hace 60 años.
Mignano habló del ´t\'inku de los antiguos latinos´, cuando las sabinas se interpusieron entre su propio pueblo, que amenazaba destruir la naciente comunidad romana tras el intento de rapto de sus mujeres, para convertir el intento de pugna ´en abrazo y fusión´ y ´dar vida al primer núcleo de lo que sería después la gran Roma´.
El 4 de julio, bajo el sol de invierno, su colega Philip Goldberg afirmó que Estados Unidos comparte valores, ideales y principios de ´los ciudadanos del mundo que creemos en la democracia, que confiamos en los valores de igualdad de oportunidades para todos y sin exclusiones´, que cree en la democracia ´porque protege los derechos y porque demanda responsabilidades en las mismas proporciones´ y porque es ´un pueblo de diversas culturas, religiones, lenguajes y tradiciones´ cuya ´fortaleza es por causa de esa diversidad, no a pesar de ella´.
Goldberg es viejo lobo en un mar en el que Mignano comienza a navegar. Ambos representan realidades culturales distintas, desde sus orígenes. Posiblemente, también intereses económicos y políticos diferentes. Pero coincidieron en transmitir la experiencia que les permitió a sus pueblos llegar a donde llegaron pese a sus diferencias y pluralidad, que es su mayor riqueza.
Coincidieron también en lo elemental. Ninguno de los discursos tuvo la menor intención de decir a su audiencia qué hacer para superar las profundas diferencias y problemas que tenemos los bolivianos en estos tiempos de cambio. Hubiera sido un error elemental de discreción y educación. Sobre todo una intromisión en nuestra vida. Se limitaron a relatar generosamente la experiencia de sus propios pueblos.
Como latinoamericanos, nos preocupa que haya bases militares extranjeras, porque trae conflicto a nuestra región. Y tenemos derecho a decirlo. Pero sólo cada país tiene el derecho de decidir lo que hace o deja de hacer dentro de sus fronteras. Por cuestión de soberanía y buena vecindad. La de Mignano y Golberg fue una bonita lección de diplomacia.
*Juan León C. es periodista.
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