Sí, hace varios meses y con ese lema marcharon miles de miles de paceños. Fueron muchísimos, casi todos los de abajo y los de arriba, quienes desfilaron para ratificar la consigna: la sede no se mueve. Fue un Cabildo de millones. Quizás es la primera vez que los de abajo fueron arriba: marcharon hacia El Alto, cuando la norma es que los alteños bajen en marchas continuas cuando así lo impone su furia. Sí, centenas de miles de paceños llegaron a El Alto, llegaron para escuchar nada, pues no se escuchó hacia dónde debe ir el departamento, pues es poca cosa sólo hablar de una consigna defensiva. Pero, igual, los paceños subieron a esa ciudad que se entiende a sí misma como la ciudad del futuro. Fueron a esa ciudad en cuyos letreros se escribía que el aymara es mejor que el sistema, sin precisar qué sistema, si el decimal o el capitalista, pero en todo caso ahí estaba escrito que el aymara era mejor que el sistema. Ese letrero fue cambiado después por otro, que decía: se los previnimos, el aymara es mejor que el sistema.
Ese Cabildo de los dos millones fue entendido como el gran triunfo de La Paz. Pero, ahora que hay calma para juzgar, ¿la movilización no habrá sido un signo de desesperación, de una frustración que entiende que La Paz se está quedando atrás o que ya se quedó atrás? ¿Dónde está el núcleo y el nervio de la economía y de las exportaciones del país? ¿Hacia dónde va la gran migración interna? Todos los indicadores dicen que ese centro económico está cercano a Santa Cruz y Tarija, los mismos datos revelan que hace años los collas se van al mundo de los cambas. Es cierto, también vino mucha migración a El Alto, pero la gran corriente es la que va a Santa Cruz y ahora a Tarija. La Paz, hoyada, y El Alto están perdiendo industrias y no son los lugares más atractivos para la inversión, pues si en toda Bolivia hay problemas con la seguridad jurídica, eso es más intenso en el departamento de La Paz; por ello, los empresarios nos están dando la espalda. Pareciera haber una alta correlación entre radicalidad de las masas y huida de las inversiones de nuestro departamento. Cuando se vuelve a leer el letrero: El Alto, ciudad del futuro, y si simultáneamente se observan los indicadores del desarrollo humano, el cuerpo se nos pone piel de gallina, pues ellos revelan que la situación en El Alto no es mala, sino pésima. Parece que hay otras ciudades del futuro. Por eso, no debemos engañarnos colectivamente y aceptar que en La Paz hay problemas. El principal es cerrar los ojos y no ver lo que pasa en el país. El desarrollo está corriendo por otro lado, la inversión está yendo a otras partes. ¿Quién puede negar que el impulso básico de miles de alteños es el de hacer negocios y buscar ganancias vendiendo todo o lo que sea? ¿Es que la Feria de la 16 de Julio no es la prueba del más puro neoliberalismo? Si eso es así, ¿por qué tener las radicalidades que hacen huir a la inversión? Da la impresión de que los discursos políticos de alta radicalidad, lo que hacen es colocar a La Paz como un departamento en el cual se debe pensar dos veces para invertir. Es mejor respetar los impulsos económicos de la gente y no cerrar el paso a la inversión.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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