Mi querida Savina, flamante prefecta de Chuquisaca!
Felicidades por haber sido elegida. Usted es la primera mujer y la primera originaria quechua en ocupar tal cargo no sólo en Chuquisaca sino en todo el país. Es una gran honra y, en las presentes circunstancias, también una responsabilidad y una tarea nada fáciles.
El día de su elección fui siguiendo con atención los resultados. Radio Loyola/Fides daba un recuento impecable y rápido de la ciudad, pero su cobertura rural fue mucho más lenta y sin detalle. Para saber más del campo me tuve que pasar a Radio ACLO —la que usted más escuchaba de niña— pues informaba de forma más rápida, municipio por municipio. Al final de la jornada, con menos de 1/4 de los votos rurales, Loyola/Fides acertó en pronosticar que usted iría bajando del 77%, que al principio le daba la ciudad, a un 52% (finalmente sacó 51,6%); pero se equivocó al proyectar que el tercer candidato subiría a un 10%, cuando en realidad se quedó en 4,2% y en ninguna provincia alcanzó el 5%.
Munasqa Savináy, este resultado terriblemente polarizado entre la ciudad y el campo es el que motiva mi comentario. Como Prefecta es ahora la “mamá” de todo el departamento, para usar la comparación que usted enseguida usó para el “papá” Evo. Pero su departamento está ahora terriblemente dividido entre una ciudad que se sintió humillada por La Paz y por el Gobierno y un campo que también se sintió muy humillado por gente de Sucre. ¿Recuerda el pasado 24 de mayo? Chuquisaca reproduce hoy lo que ocurre en todo el país.
Munasqa Mamáy, además de los siete hijos que parió y con tanto afán educó, ahora tiene 10 provincias-hijas. En una está la capital: es grande, tiene más de la mitad de la población del departamento y, aunque tiene también muchos pobres, está entre las ciudades ricas. Pero las otras nueve hijas son tan pobres que hacen escapar a su gente. El día de su triunfo usted misma dijo a Evo: “Yo tengo siete hijos y a todos los reconozco. No se puede maltratar a uno y querer a otro, porque les hacemos pelear”. Buena reflexión, que también vale para la mamá de Chuquisaca.
Usted misma ya ha prometido “buscar la reconciliación con los campesinos” y también “con el Gobierno”. Volver a sanar las heridas abiertas en esos últimos años será difícil y requerirá mucho tiempo y tacto, porque tras tantos años la llaga volvió a supurar en forma de odios, pugna de intereses, racismo. En el conflicto entre Sucre y el Gobierno, las heridas se remontan a la guerra de 1899 por la capitalidad; y, en el caso del campo de Chuquisaca y Sucre, vienen todavía de más lejos: desde la Colonia y buena parte de la República, cuando a los indios ni siquiera les dejaban entrar en la plaza. Se lo contaron sus padres y abuelitos cuando usted era niña, y usted misma lo habrá contado a sus hijos.
Chuquisacaq Maman, ¿qué será más urgente? ¿Retomar la “capitalidad plena” de la hija mayor y rica o trabajar duro y parejo para la “chuquisaqueñidad” plena? Su corazón materno, ¿no la lleva a fijarse ante todo en las hijas más débiles y pobres? ¿Se lo dejarán hacer los padrinos de la hija mayor?
Su vida le ha permitido entender a los dos lados. De niña, en Ichhupampa, usted correteaba libre por el campo, y muy joven fue dirigente de las Bartolinas. Cuando mataron a su padre y a su esposo, tuvo que pasar a la ciudad y mostró gran coraje para sacar a sus hijos adelante. Tenga también coraje para servir y reconciliar a sus 10 nuevas hijas.
En la Constituyente —cuando la conocí— estaba muy entusiasmada por Evo y su propuesta, hasta que el tema de la capitalidad la desgarró: ¿qué sería de Ud. si la ponían en la lista de los “traidores” y la obligaban a huir de su tierra y su trabajo? También en eso conoce los dos lados. Sus primeros discursos son conciliadores. También los de Evo. Ojalá pueda ser puente y bálsamo también entre estos dos bandos.
Munasqa Señoráy, con orgullo de dirigente madura usted ha dicho que no será títere de nadie. Títere, no. Puente, sí y con coraje. Tómelo en serio, con unos y con otros, para beneficio de todo Chuquisaca y de toda Bolivia. La apoyaremos de todo corazón.
Jinapuni kachun!
*Xavier Albó es antropólogo lingüista y jesuita.
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