El debate racial ha regresado a la campaña electoral de EEUU luego de las disculpas de la principal asociación médica del país por su historia de discriminación y los polémicos comentarios de un influyente líder negro.
Los dos acontecimientos han servido para que medios, analistas y votantes se pregunten dónde acaba la responsabilidad de la sociedad y el Gobierno por la situación marginal de muchos afroamericanos y dónde empieza la responsabilidad de la propia comunidad negra.
El hecho de que por primera vez en la historia estadounidense un negro —Barack Obama— tenga posibilidades reales de llegar a la Casa Blanca ha agudizado la sensibilidad sobre el tema racial.
El encargado de avivar el avispero fue el reverendo afroamericano Jesse Jackson, quien dijo, en lenguaje coloquial y rudo, durante la pausa de un programa en la que pensó que el micrófono estaba apagado, que quería cortarle los testículos a Obama.
Esos comentarios reflejan, según los expertos, el desacuerdo del liderazgo tradicional negro con parte del mensaje de Obama. En concreto, Jackson criticó una comparecencia del senador demócrata en una iglesia en la que instó a progenitores afroamericanos a asumir mayor responsabilidad por su paternidad, declaraciones que el reverendo calificó de "condescendientes".
Según el censo estadounidense, los niños negros tienen más probabilidades de vivir en un hogar en el que sólo está la madre, debido a la reticencia de los hombres negros a casarse. Washington, EFE