La Unión para el Mediterráneo propuesta por el presidente francés Nicolas Sarkozy corre el riesgo de sufrir los mismos problemas que la actual asociación euromediterránea sobre la cual se apoya, a pesar del éxito anunciado por su bautismo en la cumbre de hoy en París.
“Vemos todos los problemas del 'Proceso de Barcelona' reaparecer, por ejemplo las dificultades de los países árabes para cooperar con Israel, o la disputa entre Marruecos y Argelia” sobre el Sahara Occidental, indicó la experta Clara Marina O'Donnell, del Centro para la Reforma Europea basado en Londres.
El conflicto israelo-palestino en particular ha asfixiado el “Proceso de Barcelona”, lanzado en 1995 para reforzar los vínculos entre la Unión Europea y sus socios del sur del Mediterráneo.
Pero Francia y la Comisión Europea, que ha terminado por sumarse a una iniciativa con ambiciones muy limitadas y que se integra en el actual “Proceso de Barcelona”, esperan que esta “unión de proyectos”, que prevé por ejemplo el saneamiento del Mediterráneo, permita superar los conflictos políticos.
“Es la calidad de los proyectos llevados a cabo juntos lo que garantizará el éxito de la iniciativa. Es eso lo que permitirá a los ciudadanos sentir la fuerza de los vínculos que unen a las dos orillas del Mediterráneo”, decía la comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, a principios de junio.
Para otros, como el experto Didier Billion, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas con sede en París, el eje del proyecto sigue siendo “eminentemente político”.
Incluso si esos proyectos concretos fuesen la solución a los conflictos de la región, serían necesarias sumas colosales para ejecutarlos, con por lo menos 2.000 millones de euros sólo para sanear el 80% del Mediterráneo, cifra que la Unión Europea es reticente a afrontar. Bruselas, AFP