Momias, tejidos, cerámica inca y pacajes, además de trajes antiguos de ch’utas son parte del tesoro que guarda Achiri, “el pueblo que llora”, en aymara, en este municipio de La Paz. Es un sitio que guarda un santuario precolombino a 4.500 metros de altitud.
Texto: Jorge Quispe Fotos: David Guzmán y Municipio de Caquiaviri
Durante nueve meses las cuentas del municipio de Caquiaviri, en La Paz, estuvieron congeladas. En menos de un año, los pobladores llegaron a tener hasta dos alcaldes, mientras la credibilidad del lugar se caía a pedazos.
Hoy es diferente. Las momias de los chullpares de Pirapitpata, la laguna con flamencos, la imagen de un ch’uta alegre y su iglesia colonial buscan ser el anzuelo para que el país y el mundo lleguen hasta la tierra de ajawiri o “papa madre”, en aymara, como también se conoce a Caquiaviri, el municipio colindante con Corocoro, Comanche, Calacoto, Charaña y José Manuel Pando; un sitio a dos horas de viaje desde la ciudad de El Alto.
“Esta es la tierra de los ch’utas, yo bailaba cuando era joven durante la fiesta de San Antonio Abad, el 17 de enero”, recuerda en idioma aymara, la anciana Marcelina Vásquez Alanoca (74).
Perteneciente a la provincia Pacajes, Caquiaviri fue declarada en enero de este año por la Prefectura como la “Cuna del Ch’uta” y Patrimonio Oral e Intangible de La Paz. Aunque existe otra comunidad, Coro Coro, que aún reclama ser la cuna del ch’uta.
De la laguna al cerro cortado
A media hora de viaje desde Achiri, en el municipio de Caquiaviri, está el cerro de Pirapitpata. A lo lejos, la meseta parece haber sido rebanada de manera horizontal por un cuchillo gigante. “Tiene la forma de un aeropuerto”, es la primera impresión que lanza el agrónomo y Oficial Mayor Administrativo de Caquiaviri, Efraín Fernández Aguirre, con relación a la planicie de cerca de tres kilómetros.
Sin embargo, el acceso no es fácil. El coche 4x4 avanza entre el polvo y la arena para bordear una laguna donde las pariguanas, flamencos, patos silvestres, alpacas, vicuñas y llamas forman parte de la fauna en el espejo de agua. “Nuestro circuito turístico podría comenzar en Caquiaviri con la iglesia colonial, luego llegamos hasta Achiri, para seguir hasta la laguna y finalmente subir al cerro de Pirapitpata, donde están las chullpas”, propone el alcalde de Caquiaviri, David Sinca Mamani, mientras la comitiva viaja.
El trayecto llegar hasta las faldas del cerro. A la izquierda, cinco torres funerarias separadas por 50 y, en otros casos, por 100 metros de distancia vigilan el ascenso. “Existen dos clases de torres: las de roca arenisca son incas y las de barro son de los señoríos pacajes”, expone Augusto Carrasco Rojas, de 40 años, oficial Mayor Técnico de Caquiaviri, mientras observa con cuidado las antiguas construcciones en aquel sitio arqueológico.
Al ascender al cerro, un hueco dentro una roca llama la atención. Dentro de él están algunos huesos humanos. “Todo está disperso y contaminado, así sería muy difícil realizar la datación de los restos”, enseña Carrasco Rojas. Actualmente, este trabajo sólo se puede efectuar fuera del país y son necesarias al menos 10 muestras y cada prueba puede llegar a costar 500 dólares.
Un santuario de tres mil años
Tras 40 minutos de escalada, la cima se abre. En el suelo la piedra mica abunda y el viento sopla fuerte sobre los cerca de 4.500 metros sobre el nivel del mar.
Restos de piezas de cerámica se encuentran a cada paso y, a unos 100 metros, un par de torres funerarias de piedra semiderruidas y, más allá, otra en buen estado. La mayoría de los al menos 15 chullpares están en buen estado, aunque el saqueo de varias décadas dejó su rastro. “Éste es un santuario de altura, un lugar que quizás sirvió de protección para sus comunarios cuando llegaron los españoles”, explica Carrasco.
Las construcciones son de cinco metros de altura por cuatro de base y podrían haber sido edificadas hace 450 y 800 años.
La visita está por terminar, pero alguien habla de la existencia de una tumba en una roca con varios cráneos. La comitiva desciende unos 50 metros entre pequeñas sendas, cactus y rocas hasta llegar a un lugar resguardado en las alturas por águilas.
La piedra está escondida y es el único lugar que aún atesora unos 10 cráneos en una superficie oscura de tres metros. “Es muy probable que familias enteras hayan sido enterradas”, formula Carrasco Rojas. Con la caída de la noche, el descenso es complicado. Pirapitpata y sus torres funerarias descansan y esperan transformarse en otro atractivo turístico de los caquiavireños.
La cuna del ch’uta
Achiri está a unos 40 minutos de viaje desde Caquiaviri. El nombre de la población viene del aymara jachiri, que significa “Aquel que llora”. La leyenda cuenta que hace mucho tiempo en este lugar se escuchaba por las noches penar a las almas. “Por miedo, la gente ya no caminaba, todavía existe el temor”, rememora Hilario Crispín Crispín, del pueblo Arichúa, detrás del cerro de Pirapitpata y a media hora de Achiri.
El jach\'a mallku de Achiri, Juan Huiza, prefiere hablar de la antigüedad de la iglesia construida en 1818 y de cómo los pobladores confeccionaban su propia ropa para bailar ch’uta durante la fiesta de San Antonio Abad, el 17 de enero en Caquiaviri.
Gregorio Mollo, René Suntura y Rosendo Argandoña son algunos nombres de los principales bordadores que tuvo Achiri, cuyos trabajos se exponen en una habitación convertida en museo en el colegio Nacional Achiri.
“Todas las chaquetas y chaquetillas eran hechas artesanalmente”, formula Crispín Crispín detrás de un grupo de trajes coloridos, donde el rojo y el verde dominan junto a pantalones con la bota ancha, la mayoría confeccionados en los años 30 y 40.
“Los primeros datos que tenemos de los ch’utas se remontan a principios del siglo XX”, expone Augusto Carrasco Rojas mientras muestra una chaqueta.
El museo de Achiri está abierto al público y guarda además cerámica, tejidos y tres fardos o chullpas funerarias casi intactos de los señoríos Pacajes halladas en el cerro de Pirapitpata.
Pero otro proyecto preocupa hoy a Caquiaviri: reunir a cinco mil ch’utas para ingresar en el libro de los Récords Guinnes.
En enero del 2009 una invitación circulará por toda La Paz: “El Gobierno Municipal de Caquiaviri, la Junta de Vecinos, todas las autoridades y la Comparsa de Ch’utas Alegres saludan a ustedes muy cordialmente y tienen el agrado de invitarle(s) a presenciar y participar en todos los actos programados en honor de San Antonio Abad, a desarrollarse los días 16, 17, 18, 19, 20 y 21 del presente mes en Caquiaviri”.
BRÚJULA
Salidas. El transporte para ir a Caquiaviri sale del Cruce Villa Adela, en El Alto. El pasaje tiene un costo de 10 bolivianos. Desde ahí se tarda 30 minutos hasta Achiri, por lo que el viaje dura unas dos horas y media.
Dónde quedarse. No existen alojamientos en Caquiaviri y Achiri, pero los vecinos ofrecen habitaciones para turistas.