La empresa convierte el estaño en copas de calidad. Es un sitio donde la buena letra es muy apreciada.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Ángel Illanes
Una tarde de 1993, dos de los sueños de Víctor Augusto Maldonado Guarabia se cumplieron. Su club salió campeón de futsal y él fue el goleador con 28 tantos. Sin embargo, su rostro de alegría duró poco tiempo, porque la medalla que recibió perdió el color oro en menos de una hora.
Dos semanas después se topó en el comercio con una presea similar. Ahí se enteró de que costaba tres bolivianos, bastante poco para el esfuerzo que puso durante seis meses. Ni contar lo que pasó con la copa, que al dar la vuelta olímpica se desarmó.
“La decepción que sentí seguramente más de uno la experimentó, porque muchas veces los trofeos y las medallas que nos entregaban no tenían la calidad que todos esperábamos”, cuenta Víctor Augusto a sus 39 años, mientras recuerda que ayudaba de niño a su padre a forjar el estaño.
Aquello impulsó a los hermanos Maldonado a crear el 2002 Trofeos Mundial, un sitio donde el cliente puede diseñar su copa, su plaqueta y sus medallas.
“Queríamos darle una alternativa diferente al público, para premiar con verdaderos trabajos de calidad a los campeones”, resume Víctor Augusto, gerente general de la empresa, junto a su hermana Miriam (36) detrás de una de las vitrinas del local 2 de Trofeos Mundial, en el edificio San Francisco, a unos metros de la iglesia del mismo nombre en La Paz.
De lingote a medallas
Centenares de lingotes de estaño traídos desde Vinto, Oruro llegan al taller de la familia Fema (Felipe Maldonado) que forja el estaño. El galpón está ubicado en Villa Bolívar “E”, en El Alto. De ahí pasan a la fundición, donde se combinan con antimonio y cobre para obtener el peltre que luego se convertirá en trofeos y medallas. El calor, el laminado por rodillos y el repujado permiten obtener en una jornada de ocho horas unos 30 trofeos.
Fema puede fabricar unos mil trofeos por mes y hasta cinco mil medallas. Desde el taller de El Alto, los ejemplares son enviados hasta la tienda de Mundial.
En el local 2 de la galería, el ajetreo en las instalaciones de Trofeos Mundial es intenso. No hay pausas. Mientras unos consultan precios, otros piden asesoría y los más recogen copas y plaquetas. Pero algo no cambia. “Es una costumbre que vengan siempre casi sobre la hora. Si la distinción es mañana, se aparecen hoy e incluso horas antes del acto. Nos acostumbramos y nunca les fallamos”, suelta Víctor Augusto.
A su lado, Miriam habla con un cliente. “Le preguntamos qué es lo que quieren”, sostiene su hermano. Miriam muestra toda la gama de trofeos al comprador. Una vez elegido el tipo y el número de trofeos, se determina si irá algún logotipo de la entidad.
“Nos indican qué dirá en la placa, si es rotativo o no, si el texto debe ser corto o largo”. El cliente escoge entre el grabado manual, computarizado a láser o mecánico. “Así sea pequeña o grande, nuestro objetivo es que la copa sea lo más impactante posible, que sea una joyita”, dice Miriam.
Si la copa deseada está a mano, como casi siempre ocurre, el trofeo es entregado en el mismo día, pero antes debe ser grabado.
Donde manda la buena letra
Hace seis meses, Wilma Gonzales Choque (22), estudiante de Lingüística, practicaba caligrafía cada día, un requisito indispensable para ser grabador en Trofeos Mundial. “Fue como volver a la escuela y aprender a escribir”, exclama mientras talla una placa de metal que irá junto a la copa. Para este trabajo se debe tener buen pulso, porque uno no se puede equivocar. La práctica es vital.
El maestro de Wilma es Rolin Ríos Bautista (27), que labora en la empresa cuatro años. No existe nada imposible para Rolin. “A veces nos hacen llegar textos que no se pueden entender, escriben como recetas médicas, pero después no tenemos problemas”.
El estilo de letra que se utiliza en Mundial es el “clásico inglés”. El grabado a pulso con pistola eléctrica es fácil y más rápido que el computarizado o el láser. Rolin tarda de 10 a 15 minutos en poner una leyenda en una placa de dos por ocho centímetros.
Mundial usa también un pantógrafo mecánico con diamante y moldes de letras, un moderno grabador computarizado a láser y dos grabadores computarizados Vanguard 9.200 y 7.200.
Lujo para el folklorista
Los trofeos compiten con la estatura de los bailarines ganadores en la premiación del Gran Poder. Algunas copas llegan incluso a medir dos metros de tamaño.
“A los folkloristas les encanta lucirse, sus trofeos deben ser ostentosos, con cintas de color, con mucho brillo, pero más que todo, grandes”, plantea Miriam, gerente de Comercialización.
Otros, como un grupo de jugadores de cacho, dejaron a manos del diseñador y gerente de Producción, Javier Maldonado, la iniciativa. Horas después, los cubiletes fueron sometidos a un proceso de galvanoplastía. “Lo hicimos casi metálico; de oro, plata y bronce, al igual que los dados”, recuerda Víctor Augusto.
Luego, un grupo de estilistas llegó para pedir plaquetas para su aniversario y un día después se llevó un inédito trofeo con una tijera y un peine metálicos empotrados y galvanizados.
El gusto de los deportistas es diferente. En La Paz buscan trofeos sencillos, donde domine la forma y la calidad, mientras que en ligas zonales alejadas prefieren copas cargadas, con detalles como los de los folkloristas.
Ahora está de moda llenar las copas con cerveza para luego beber tras la vuelta olímpica.
“Este año hicimos una plaqueta de mármol para Maradona y el Premio Maya fue de bronce”, cuenta feliz Víctor Augusto. La Liga Profesional del Fútbol Boliviano y el Viceministerio del Deporte son algunos de sus clientes.
Ante esto, Mundial traerá pronto un sistema de grabado computarizado tridimensional, lo último en esta especialidad.
Mientras tanto, en la puerta del local, dos clientes nuevos llegan para cotizar un juego de 12 trofeos para una premiación deportiva que será mañana. Quedan pocas horas, pero en Mundial eso no es novedad: los campeones tendrán copas de calidad.