Se dice que La Paz es la capital del trámite; yo diría que también de las fotocopias y las legalizaciones. Es raro ver algún paceño que, aparte de apurado, no cargue un fólder con documentos y una colección de fotocopias. El sistema estatal boliviano sigue siendo anticuado, centralista, pesado, carente de empleados capaces y proclive a la corrupción y la extorsión. Está diseñado para trabar y complicar al ciudadano, reventarle el hígado a colerones y sutilmente inducirle a “aceitar” el trámite mediante una módica suma.
En Ginebra, es raro ver un ginebrino que no lleve una bonita bolsa de compras. Se comenta que con el esquí, el deporte favorito de los suizos es hacer compras en supermercados. En el mercado suizo se puede encontrar relojes japoneses, vino chileno, ron cubano, mango indio, música estadounidense, chocolate alemán, y no sigo más. De Bolivia prefiero no decir qué se podría encontrar. El Estado suizo es moderno, ágil, con funcionarios idóneos, concebido para servir y proteger al ciudadano. Como ejemplo: para comprar un vehículo de tienda o segunda mano, el trámite toma unos 30 minutos; luego, la Policía envía nuevas placas a domicilio y asunto concluido.
Al parecer, ni la Cancillería boliviana ni el Embajador Plenipotenciario e Itinerante le han informado a nuestro ilustre Presidente que en Suiza no existe ese concepto antidemocrático típico de la oclocracia llamado “movimientos sociales”, ni majaderías de 500 años porque los ciudadanos, sin excepción, tienen iguales derechos y obligaciones. El único imperio que vale se llama ley. Los suizos disfrutan el presente viendo el futuro. Hay 23 cantones (departamentos) autónomos cuyos gobernadores forman un Consejo Federal. En forma rotativa, uno ejerce la Presidencia del país. Cada cantón tiene su propia Constitución, Gobierno autónomo, Parlamento y tribunales judiciales. Los políticos suizos no se dejan acompañar de guardaespaldas ni agentes de seguridad. Se puede reconocer algún político famoso sin guardia personal en las calles, el tranvía o el bus. La prensa rara vez informa sobre el Presidente o los ministros, quienes, ni aún por haber hecho de Suiza el país de más alto nivel de vida, se autodenominan catedráticos. Suiza nunca se queja de ser mediterráneo. Esa desventaja ha sido superada manteniendo relaciones comerciales y amistosas con los demás países bajo una filosofía de mutua cooperación; inclusive comparte con Francia su aeropuerto internacional Cointrin de Ginebra. Está demás decir que el Presidente suizo es respetuoso con los mandatarios de otros países.
Cuando uno deja Suiza, embarga una tristeza y, cuando uno llega a Bolivia, también se pone triste. Las causas de esas tristezas son obvias.
Y pensar que un día Evo Morales nos contó que en 15 años seremos iguales a Suiza. Ya han pasado casi tres y estamos caminando a grandes pasos; pero, lamentablemente, en sentido contrario.
*Alan J. Cayoja A. es ingeniero y reside en Ginebra, Suiza.
País de chacoteros y majaderos
Hemos llegado al extremo de ser chacoteros y majaderos. Cuando uno escucha las noticias es sólo para inflamar el hígado y destrozar los nervios, porque todos hacen lo que quieren.
Originarios y originales
Puede la ignorancia hacer más daño que la maldad? Sí, porque la primera no tiene límite. Muchos de los circunstanciales servidores públicos con sueldos pagados con nuestros impuestos no hacen bien su tarea, y un caso es patente: el del sector hidrocarburos.