Nacida en los inicios de la colonia, la mujer de pollera supo mantener su identidad, cultura y apariencia pese al transcurrir del tiempo y a la rápida globalización de la sociedad boliviana.
Texto: Jorge Soruco • Fotos: Museo Costumbrista y Miguel Carrasco
En la chola paceña, dos culturas encuentran el punto de equilibrio. Su lenguaje amalgama el aymara con el castellano. Su ropa recupera el lujo castizo de siglos pasados, pero ensamblado de una manera auténticamente aymara. Es uno de los personajes permanentes del paisaje de la sede de gobierno.
Símbolo perfecto del mestizaje andino, la chola paceña logró mantener viva su cultura y su ropaje, pese a los acelerados cambios que la globalización trajo al país.
Si bien en algunos momentos de la historia de Bolivia la palabra chola fue utilizada como insulto racista, actualmente es, en palabras del historiador Fernando Cajías, “un término que refleja una identidad cultural que superó el paso del tiempo y la influencia de la sociedad moderna”.
Esta opinión es compartida por la Miss Cholita La Paz Líder, Roberta Cota Apaza. Con una coqueta sonrisa en el rostro, Roberta asegura que “la chola es uno de los símbolos más importantes de La Paz. No importa dónde viaje, a qué país o a qué departamento, siempre va a haber una persona que me vea y me reconozca como paceña”.
Nacida hace 24 años en Puerto Acosta, en la provincia Camacho del departamento de La Paz, Roberta trabaja en el Mercado de Achumani y estudia en la carrera de Matemáticas de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
No es de extrañar que una de las representantes del mestizaje paceño esté interesada en los números. Aunque el comercio no es, ni de lejos, la ocupación exclusiva de las cholas, es uno de los catalizadores de su creación y supervivencia.
El poder económico
“Ellas lograron apropiarse de las calles de la ciudad”, indica Cajías. “Las mujeres mestizas migrantes se establecieron como la principal fuerza de venta en la sede de gobierno. Con el tiempo se convirtieron en un grupo adinerado”.
En el libro “Ser mujer indígena, chola o birlocha en la Bolivia poscolonial”, de los años 90, la investigadora y compiladora Silvia Rivera Cusicanqui explica que a finales del siglo XIX, se produjo una migración masiva de indígenas del campo a las ciudades.
Estos migrantes, en su mayoría mujeres, se encontraron con la disminución de tierras cultivables, habiendo sido las suyas expropiadas por terratenientes, y la necesidad urbana de productos manufacturados, por lo que se convirtieron en los comerciantes principales.
Esta forma de trabajo les permitió ocupar un nicho en la sociedad urbana, altamente discriminatoria y acelerar el proceso de conjunción entre la cultura occidental predominante y la aymara rural.
El sociólogo César Adrián Llanque Flores explica que la migración y el establecimiento de estas personas ayudaron a establecer la llamada cultura chola de La Paz.
“Cada nuevo migrante del campo trae consigo costumbres, usos y creencias de su origen. Éstas se integran con las ya establecidas, cambiando y actualizando la cultura urbana mestiza”.
La actividad comercial es uno de los principales motivos de la supervivencia de la chola paceña. Este tipo de trabajo, ejercido principalmente por las mujeres, les permitió ganar independencia.
“A diferencia del hombre, la mujer pudo sostener a su familia por sí sola, sin depender directamente de nadie. Esto le confirió un poder que no compartió su pareja”. Cajías indica que, por el contrario, la pareja de la chola tuvo que emplearse, lo cual conllevó al “cambio de vestimenta y a la occidentalización de sus actitudes”.
Con el paso del tiempo las cholas se convirtieron en uno de los poderes económicos más importantes de la ciudad, moviendo grandes cantidades de dinero.
Dos culturas, una persona
Llanque y Cajías coinciden en que uno de los motivos del triunfo de la chola fue su mestizaje profundo.
“Por sus mismos orígenes las cholas son bilingües, esto les permitió establecerse como el enlace entre la ciudad y el campo”, afirma el historiador. Por su parte, el sociólogo cree que “la vestimenta también representa una fusión entre España y el mundo aymara”.
La ropa típica de la chola paceña es tan importante para la identidad de la misma como su propio lenguaje. Llanque opina que “en este caso, el hábito hace al monje, no se es chola si no se viste como tal”.
Con el rostro iluminado por su triunfo, la Miss Cholita Paceña 2008, Yecenia Irene Apaza, muestra su atuendo semiformal.
“El traje de fiesta es mucho más lujoso”, explica Yecenia. “La blusa tiene más lentejuelas, la pollera es más brillante y las joyas son de oro”. En total, el costo de un conjunto puede llegar a superar los mil bolivianos.
Sombrero de estilo italiano, manta española, polleras adaptadas de las enormes faldas coloniales europeas y suntuosas joyas de oro y perlas son las partes más reconocidas del atuendo.
A estas prendas se suman algunas piezas de origen aymara, como la faja, las tullmas para sujetar el cabello, los ganchos, el topo y las tradicionales trenzas.
“La ropa de chola tiene un dejo muy fuerte de Barroco, cargada de adornos, simbolismos y significados”, expresa Cajías.
Llanque considera que la vestimenta es tan vieja como la misma identidad cultural. El sociólogo, que se encuentra realizando una investigación sobre este personaje paceño, indica que las mestizas americanas adoptaron esta ropa a inicios de la época de la colonia.
“Fue una manera de buscar aceptación en la nueva sociedad que se formó tras la conquista. Por otro lado, algunas jóvenes mostraron su apoyo al nuevo sistema y su rechazo a la autoridad incaica al asumir la ropa de las nuevas autoridades”.
Pero la vestimenta no fue adaptada sin sufrir cambios. Las polleras se volvieron más vistosas y con más pliegues. Los adornos adquirieron un tono barroco, sobrecargado. Para proteger la piel, se introdujo el uso de fajas entre la pollera y el cuerpo.
Las tullmas aumentaron la longitud y se perfeccionaron las trenzas. El gancho se convirtió en un elemento central al mantener segura la manta, aparecieron los botines que luego fueron reemplazados por el calzado plano y el aguayo completó el ensamble.
El lujo fue aumentando. El esplendor de las prendas seduce hasta a la más occidental de las mujeres, especialmente las mantas. “Son de tan gran calidad y belleza, pero son bastante caras”, comenta Juana Fernández (48), asidua compradora de la prenda.
Este gusto por la vestimenta chola generó la aparición de las denominadas “transformers”, las cuales, en palabras de Llanque, son aquellas mujeres que “originalmente visten a la manera occidental, pero que para las fiestas se disfrazan de cholas”.
Roberta considera que ésta es una señal de la reivindicación de la identidad de la chola paceña. “La gente ya nos respeta, no nos desprecia. Somos parte de la identidad del país”, opina.
Futuro y permanencia
A partir de la década de los 80, la figura de la chola paceña fue reivindicada y revalorada en la sociedad boliviana, tanto por el trabajo de integración democrático, como por el esfuerzo de mujeres que ingresaron en espacios que antes estaban restringidos.
“Tenemos el caso de Remedios Loza, la famosa chola Remedios, quien se convirtió en una de las primeras diputadas que resaltó su identidad de mujer de pollera, lo que en ese tiempo era algo muy raro”, recuerda Cajías.
El historiador considera que La Paz está asumiendo cada vez más su identidad mestiza, su condición de ciudad de encuentro de la cultura chola. “Basta nomás con ver la fiesta del Gran Poder, la cual encarna con mayor claridad la realidad mestiza de la urbe paceña”, resalta.
Por su parte, Llanque considera que las políticas de inclusión llevadas a cabo, desde el regreso de la democracia al país, son las responsables de la permanencia y recuperación de la chola en la sociedad globalizada actual.
Roberta es un ejemplo de ello. Ella estudia la carrera de Matemáticas y tiene aspiraciones de conseguir una beca en el exterior, planes que 20 años atrás no hubieran sido factibles.
Sin embargo, Llanque cree que la chola tiende a desaparecer. “Cada vez más son las jóvenes que dejan la pollera por los más comunes pantalones, se van occidentalizando. Pero eso no pasa rápidamente, por lo que tendremos cholas paceñas para largo”.