Pocos días atrás, un grupo de prefectos opositores reunidos en Sucre ha determinado impulsar la convocatoria de un referéndum sobre la capitalidad, con el fin de que sea el pueblo boliviano el que disponga dónde quedará establecida definitivamente la verdadera capital de la república con la sede de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Como era de esperar, dicha propuesta provocó gran disgusto en La Paz, tanto en la hoyada como en El Alto. En este segundo lugar hubo graves expresiones de repudio, alimentadas con amenazas de desencadenar hechos de sangre; amenazas que ahondan las rivalidades y resentimientos entre las diversas regiones del país.
Un asunto tan delicado como el de la sede de los poderes del Estado no se puede barajar a la ligera. Es menester buscar serenamente una solución que satisfaga las necesidades del país, pero que considere, asimismo, la necesidad vital de Sucre de volver a ser una de sus ciudades más importantes.
Primeramente se debe recordar que Sucre sigue siendo la capital, como lo ha determinado la ley del 12 de julio de 1839, nunca derogada, que la declara como capital efectiva de la república, con la denominación de ´Ciudad Sucre´. En ella se dispone, además, ´que el Gobierno mande construir los edificios que necesiten para su despacho los altos Poderes de la Nación´, principalmente el Legislativo, para el cual se destinaba el templo de San Agustín.
Como se tiene conocimiento, los chuquisaqueños, que fueron los fundadores de Bolivia, decidieron que la capital fuese la antigua sede de la Audiencia de Charcas y de la célebre Universidad de San Francisco Xavier. Pero esos padres de la patria no comprendieron que la futura Sucre estaba situada muy a trasmano y muy alejada del mar. Por esta causa, la gran mayoría de los gobernantes del siglo XIX prefirieron residir en La Paz. Y de este modo, la ciudad de Murillo, en los albores del siglo XX, se consolidó como sede permanente del Gobierno.
Basta un somero análisis para comprender que ni en el pasado ni en el presente ni en el futuro, la apacible Sucre puede ser sede del Poder Ejecutivo. Es una ciudad pequeña, mal situada y fuera del eje central de la república, constituida por La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.
Ahora bien, sería conveniente que la región chuquisaqueña reciba un fuerte respaldo para levantarse del letargo y pobreza en que se encuentra. Lamentablemente, desde la segunda mitad del siglo pasado, con la quiebra de la minería de Potosí y el empobrecimiento de su agricultura, debido al surgimiento de los minifundios, se inició una decadencia acelerada en todo el departamento chuquisaqueño que provocó una gran emigración de su población.
Para paliar la decadencia de Chuquisaca y, asimismo, terminar con esta sorda rivalidad regional, sería conveniente llegar a una justa y patriótica transacción: que uno de los dos poderes del Estado afincados en La Paz sea trasladado a Sucre. Como no puede ser el Poder Ejecutivo, ya que como se mencionó anteriormente, la ciudad sureña no tiene condiciones para ser sede del mismo, entonces se debería estudiar la posibilidad de que se lleve a ella el Poder Legislativo, con el fin de levantar a esa empobrecida zona y dar lugar a que la ´ciudad de los cuatro nombres´, cuna de nuestra nacionalidad, pudiese consagrarse como la capital oficial e histórica de Bolivia.
Así como el siglo veinte se inició con un cambio, aunque violento, de los poderes del Estado a La Paz, a principios del presente siglo se debería analizar seriamente la posibilidad de efectuar un nuevo traslado, el del Congreso nacional a Sucre. No sólo para dar vida a esa hermosa ciudad, sino principalmente para impulsar una mayor descentralización, lo que redundaría en un desarrollo más armónico del país. De este modo además, se terminarían los actuales enfrentamientos entre chucutas y chuquisaqueños que sólo devendrán en una mayor desunión de nuestra ya muy dividida nación.
*Ramiro Prudencio L. es diplomático e historiador.
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