La derecha boliviana otra vez está mostrando la hilacha con lloriqueos en clave de cobardía. Lejos de estar haciendo campaña por una alternativa al gobierno del MAS, de mostrarnos nuevos rostros y liderazgos renovados, de proponernos una visión de país viable que contenga propuestas y soluciones a problemas estructurales, que no sean meros enunciados de libertad, democracia y modernidad, parecen más bien ocupados y preocupados en la elucubración de una batería de excusas que expliquen una nueva derrota electoral.
Lo que en un principio fue una estrategia dirigida a sembrar un manto de duda acerca de la confiabilidad de la Corte Nacional Electoral y del Padrón Electoral, se ha traducido en la histérica denuncia de un fraude electoral masivo, que busca deslegitimar los resultados de un referéndum revocatorio que les augura negros resultados. La extraordinaria inconsistencia de esta posición me lleva indefectiblemente al extremo de calificarla como una cobardía. Yo no sé si me perdí de algo en el camino, pero hasta donde recuerdo, los mismos que anuncian a los cuatro vientos el fraude de todos los fraudes, eran los que hace pocas semanas atrás festejaban con bombos y platillos los resultados de los referendos por los estatutos autonómicos en la Media Luna. ¿Acaso será que las cortes departamentales electorales han cambiado y nadie nos avisó? ¿Será que el Padrón Electoral no era el mismo? ¿O más bien será que el monstruoso fraude se lo ha montado entre la fecha del último referéndum y el 10 de agosto? Seamos serios, por favor. La pose es insostenible y exhibe grandes dosis de demagogia: El sistema electoral es válido cuando me favorece e infame cuando me perjudica.
En lo que toca a las reglas de juego, la inconsistencia y el descaro son aún más asombrosos. Se lamentan e intentan victimizarse con una ley de convocatoria aprobada por ellos mismos en una envalentonada sesión del Senado, avalada además, y por escrito, por los prefectos de la Media Luna. Muy machitos a la hora de lanzar el desafío, pero bastante gallinitas al momento de recoger el guante.
Pero convengamos: más allá de la anécdota, que pasará a ocupar un lugar de honor en la galería del absurdo político, la desatinada maniobra de Podemos en el Senado muestra de cuerpo entero la intrascendencia de la derecha. Es una cruda fotografía de una oposición congresal y regional inmune a las brutales lecciones del pasado inmediato; tozudamente renuente a alzarse por encima de sus intereses y privilegios y ponerse a la altura de las circunstancias; adormecida en la nostalgia de un pasado que, pese a todo, ya nadie quiere restablecer.
La inmensa pereza de revincularse con la sociedad, haciendo la ´aburrida´ pero imprescindible tarea de encarnar y representar lo que ocurre en las bases, le acarreará a la oposición un nuevo revés en las urnas. Lo dicen unas encuestas que no reflejan el voto rural, pero lo dice, sobre todo, el sentido común. Ejercer protagonismo en un proceso tan profundo y complejo requiere más que la comodona forma de hacer política leyendo encuestas, o que los vuelos rapiñeros sobre los desaciertos del MAS. En resumidas cuentas, me animo a decir que en la práctica, hasta ahora, no hay una oposición de derecha. Gran parte del desgaste del Gobierno se debe al error cometido oponiéndose a las autonomías, y el resto habrá que atribuírselo a tres redes de televisión con base en Santa Cruz. La escasa siembra de ideas y propuestas tendrá su correlato en la cosecha de votos.
La última: resulta que en realidad habíamos tenido Tribunal Constitucional, y nadie se había percatado.
*Ilya Fortún es comunicador social.
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El Gobierno y la COB se muestran enzarzados en una discusión que parece destinada a dejar en la sombra al problema de fondo del proyecto de Ley de Pensiones del MAS
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La pantalla dividida parece ser la imagen más representativa que muchos medios televisivos han elegido para "reflejar" lo que está pasando en la realidad política del país.
Juegos con la prima
No sé si usted cree en la importancia de los juegos y los juguetes o si, al contrario, piensa como los viejos filósofos que una vida virtuosa no va sin un esfuerzo serio y no consiste en un simple juego. No estoy con los que razonan así.