Si la integración fue la marca de los procesos de retorno a la democracia en Sudamérica, el nacionalismo y la desconfianza parecen una característica actual que limita cualquier avance en ese sentido.
Varios analistas brasileños han buscado respuestas para los dilemas de la política externa, derivados de una compleja coyuntura regional en que a menudo los países vecinos defienden posiciones completamente diferentes.
El ex ministro de Hacienda y diplomático Rubens Ricúpero constata que el continente está lejos de tener un denominador común. Señala que la refundación radical que tiene lugar en Venezuela, Bolivia y Ecuador ha dado lugar a una ola de nacionalizaciones o reestatización de empresas y la necesidad de dar atención a los conflictos internos. ´Nada de eso favorece proyectos que exigen seguridad jurídica para inversiones de largo plazo, como se vio en los episodios del gas y de las refinerías en Bolivia, de la estatización de una siderúrgica venezolana de capital argentino, de las dificultades de Petrobras en Ecuador, etc.´.
El profesor de relaciones internacionales Amado Luiz Cervo defiende la continuidad del proyecto brasileño de integración sudamericana. ´El modelo brasileño de inserción internacional en el mundo de la globalización no permite que abandone su estrategia que es correcta y rinde frutos. (Pero, se pregunta) ¿Tiene cómo convencer a los vecinos a cambiar la suya? ¿Por ejemplo, la estrategia boliviana de ahuyentar emprendimiento e inversiones en nombre del interés nacional? ¿La estrategia venezolana del socialismo de las estatizaciones? ¿Es posible traer una Argentina socialmente regenerada y económicamente reindustrializada por los Kirchner al proyecto desarrollista brasileño de Sudamérica? Si la diplomacia brasileña hizo mucho, tiene todavía mucho por hacer´.
En ese contexto, la frase del presidente Lula en Riberalta, en presencia de Evo Morales y Hugo Chávez, en un discurso en el que habló de sus sueños y del futuro de la integración, en un tono de divagación, podría ser interpretada de diversas maneras, incluso como una delicada recriminación: ´Quién sabe, Evo, podamos construir una hidroeléctrica binacional. Quién sabe, compañero Evo Morales, podremos realizar el sueño de construir un polo gas químico entre Bolivia y Brasil´.
Quién sabe… Brasil y Bolivia podrán hacer muchas cosas si el ambiente político estuviera más tranquilo.
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Entendemos que la diplomacia norteamericana tiene que ser paciente con Bolivia —la diplomacia en general requiere de paciencia— pero, al mismo tiempo