Diariamente se utilizan palabras o frases nada más que por mala costumbre. Mala porque esos vocablos o expresiones son erróneos, y los ejemplos abundan.
¿Cuántas veces hemos dicho o escuchado decir: "al intento" en vez de "a propósito"; o "grupículo" en lugar de "grupúsculo"? Usar "hubieron" y no "hubo", que debe servir tanto para singulares como plurales; pedir "manzanos" o "ciruelos" en el mercado, y no precisamente para comprar árboles; o preguntar "¿cuál es su nombre de usted?".
Al ir a alguna parte, decimos —o escuchamos decir—: "ya estoy viniendo". Y, al escribir, ¡qué frecuente se ha hecho el doble espacio luego del punto seguido! Todos estos se han convertido en neobolivianismos. No sorprenda que mañana, por su legitimidad, acaben siendo aceptados, cual política actual, como legales. "Si soy así, qué voy a hacer...", cantan, de sabias, las abuelas.