Roma iba a ser la sede de los IV Juegos, pero la erupción del Vesubio y graves problemas sociales y económicos provocaron su renuncia en 1907. Con escaso margen de tiempo y algo de improvisación, Londres se hizo cargo de la organización. En total, participaron 2.304 deportistas de 22 países.
Por primera vez, los competidores desfilaron precedidos por las banderas de sus respectivos países (excepto los finlandeses, que se negaron a llevar la de Rusia, su soberana).
Se produjo el debut del fútbol como deporte olímpico, aunque lo más destacado fue la dramática carrera del italiano Dorando Pietri en el maratón. Llegó primero al estadio completamente extenuado y después de repetidas caídas, en estado de semiinconsciencia fue ayudado en el último tramo previo a la meta. Al final fue descalificado, pero la reina Alejandra premiaría su tesón con una copa de oro.
Aquí nació la simbólica frase: ´En los Juegos Olímpicos, lo importante no es vencer sino participar´, que hoy día, como uno de los lemas olímpicos, es equivocadamente atribuida a Coubertin, siendo en realidad el creador de la misma el Arzobispo de Pensilvania. www.lukor.com