Amsterdam iba a ser la sede olímpica de 1924, hasta que Coubertin convenció al COI para dar una nueva oportunidad a París, después del fiasco de 1900. Esta vez, los franceses se propusieron organizar la VIII edición de los Juegos, en el trigésimo aniversario de su restauración, con el máximo rigor y empeño.
Así, construyeron el estadio de Colombes, con un campo de fútbol y capacidad para más de 60.000 personas. La estrella fue el nadador estadounidense Jhonny Weismüller, que en el futuro encarnaría en el cine al conocido Tarzan. Su extrema rapidez en el agua le llevó a lograr, con tan sólo veinte años, tres medallas de oro en París, convirtiendo la natación en creciente punto de atención.
En los juegos de 1922, se había conseguido romper, por primera vez, la barrera del minuto en los 100 metros.
En la clausura de los Juegos, Coubertin anunció su retirada, tras 30 años como presidente del Comité Olímpico Internacional, al considerar que había cumplido su misión. www.lukor.com