Estados Unidos, al igual que Francia, recibió una nueva oportunidad para acoger, esta vez de forma organizada, unos Juegos Olímpicos. Sin embargo, la tensión internacional por la expansión del fascismo y el desastre mundial por el “crack” de 1929 convertían el ambiente en el menos propicio para celebrar un acontecimiento como éste.
Un mecenas llamado William F. Garland puso ganas y mucho dinero para preparar los Juegos de 1932. A él se debe la construcción del impresionante estadio olímpico Memorial Coliseum, que en 1984 volvería a albergar unos Juegos.
Su esfuerzo se vio recompensado con el enorme éxito, no sólo deportivo sino también de público (con más de un millón de espectadores) y, sobre todo, de dinero, recaudando casi 1,5 millones de dólares.
El mayor inconveniente fue su situación alejada de Europa, lo que redujo el número de participantes. Con todo ello, se batieron 40 récords olímpicos y 16 marcas mundiales.
El atletismo siguió reinando entre todos los deportes olímpicos, pero empezó a competir con la natación, cada vez más atractiva para el público, gracias a Johnny Weissmüller, que repitió oro en los 100 metros. www.lukor.com