En una Alemania en plena euforia nacional-socialista, con Adolf Hitler en el poder, los Juegos de 1936 pretendían ser el mejor espectáculo deportivo de todos los tiempos, a pesar del primer intento de boicot protagonizado en esa ocasión por Estados Unidos.
Después de varios incidentes, el 1 de agosto de 1936 se celebró la ceremonia inaugural, fastuosa y espectacular, en un escenario propicio para la propaganda nazi.
Por primera vez el fuego olímpico es traído desde Olimpia por carreras de relevos en las que participan 3.075 atletas.
Pese a la firme postura de los miembros del COI, no pudo evitarse la instrumentación política de los Juegos.
La figura fue Jesse Owens, cuando llegó a Berlín para competir en los Juegos de la IX Olimpiada sólo era un “auxiliar negro del equipo estadounidense”, en la terminología propagandista nazi. Se ensalzaba una pretendida superioridad aria en la que evidentemente no tenía cabida el Antílope de Ébano.
Pero el auxiliar se convirtió en pocos días en el rey de la capital del Tercer Reich y se bañó cuatro veces en oro —en 100m, 200m, 4x100m y salto largo— delante de Adolf Hitler.
España no participó en estos Juegos, pues 12 días antes de inaugurarse estalló la Guerra Civil. Los deportistas españoles estaban preparados para acudir a la cita olímpica, e incluso el equipo hípico se encontraba en la ciudad alemana, pero se vio obligado a regresar por este motivo.www.lukor.com