En 1940, los japoneses no pudieron organizar los Juegos por culpa de la guerra. Veinticuatro años después se esforzaron por ofrecer al mundo los mejores Juegos de la historia. La organización nipona y su infraestructura, construida expresamente para la ocasión, fueron modélicas e impecables.
En Tokio, la técnica se puso plenamente a disposición del deporte y los Juegos abrieron una nueva página en la historia de la comunicación.
Hubieran sido perfectos si no llega a ser por la lluvia y el frío.
El joven nadador estadounidense Don Schollander, que era estudiante de bachillerato, estableció el récord de sumar cuatro medallas de oro en unos mismos Juegos Olímpicos (100, 200, 4 x 100 y 4 x 200 metros libres).
El velocista norteamericano Bob Hayes fue el más rápido en la carrera del hectómetro, prueba en la que batió el récord olímpico, dejándolo en 10 segundos exactos.
El que por muchos es considerado como el mejor velocista de la historia se colgó también la medalla de oro en el relevo 4 x 100 metros.
La expedición española, encabezada por Miguel Torres, desfiló durante la inauguración con el ilusionante objetivo de superar la medalla de bronce que la selección de hockey sobre hierba había obtenido cuatro años antes. No lo lograron. www.lukor.com