El año 1968 pasará a la historia no sólo por la celebración de la XVIII edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna, sino por los acontecimientos históricos que rodearon ese año, con los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, así como el raro ambiente mundial tras las revueltas de la “Primavera de Praga”, el mayo francés y los incidentes del movimiento estudiantil que estuvieron a punto de cancelar la aventura olímpica.
Al final, México acogió unos Juegos caracterizados por las impresionantes marcas conseguidas (se llegaron a batir 257 plusmarcas olímpicas y 17 de ellas fueron mundiales), destacando el impresionante salto y marca de Bob Beamon (8,90 metros), que dio la vuelta al mundo.
Junto a los récords conseguidos en la ciudad azteca, México vivió los Juegos del “Black Power” donde los atletas de color reivindicaron la igualdad racial en Estados Unidos, encabezados por los atletas Tommie Smith y John Carlos (oro y bronce en los 200 metros), acompañados por el resto de compatriotas estadounidenses. A los pocos días ambos deportistas fueron expulsados de la Villa Olímpica por parte del COI por lo acontecido en el podio.
La nadadora norteamericana Debbie Mayer, con 16 años, fue la gran estrella de los Juegos al dominar la prueba de natación. Debbie Mayer fue la única deportista que ganó tres medallas de oro en México, imponiéndose pese a su juventud, en las pruebas de los 200, 400 y 800 metros.
España tuvo el honor de acoger por primera vez en su historia el paso de la antorcha olímpica por suelo español. De camino a tierras mexicanas, el fuego sagrado pasó de Barcelona a Palos de Moguer, pasando por Madrid. Juan Antonio Samaranch, en ese momento miembro del Comité Olímpico Español, fue uno de los privilegiados de portar entre sus manos la antorcha olímpica. www.lukor.com.