El tema del alcoholismo merece un gran debate en cuanto a la salud y la economía de nuestro país. A la fecha, no existen indicadores confiables que nos acerquen a tener datos sobre el gran flagelo que es el alcoholismo.
Este mal puede comenzar desde tempranas edades en la adolescencia; al inicio del consumo, en la mayoría de las veces, se alude ´curiosidad´, sin embargo, este hecho relevante es un efecto de varios factores que son comprobadamente inductores del inicio del consumo de alcohol en nuestra población joven.
La influencia del alcohol ha tenido un gran peso como factor problemático en la conformación y el funcionamiento de la familia, individuo y, por ende, de la sociedad. La influencia del alcohol se ha visto reflejada en las diferentes esferas de la historia de la sociedad, desde tiempos muy remotos.
Hoy en día, con el uso y abuso de la tecnología publicitaria y las escasas leyes reguladoras en este sentido, se ha propagado de manera extraordinaria la publicidad sobre bebidas alcohólicas, tanto en la televisión como en las calles.
No debiera representarse en los medios de comunicación como parte del orgullo de ser boliviano el consumir cerveza, ni tampoco vino y otros, porque nuestra población no tiene cultura alcohólica. Una copa de alcohol, que en otros países acompaña un plato de comida, en nuestro medio viene después de la otra y así sucesivamente hasta llegar a la intoxicación aguda.
El alcohol es una de las drogas que, por su fácil acceso y poderosa propaganda, se ha convertido en un verdadero problema social en casi todos los países y en todas las edades a partir de la adolescencia.
El alcoholismo es una enfermedad crónica, progresiva y frecuentemente mortal; un trastorno primario y no un síntoma de otras enfermedades o problemas emocionales. La OMS define el alcoholismo como la ingestión diaria de alcohol superior a 50 gramos (una copa de licor o un combinado tiene aproximadamente 40 gramos de alcohol; un cuarto de litro de vino, 30 gramos; y un cuarto de litro de cerveza 15 gramos). El alcoholismo parece ser producido por la combinación de diversos factores fisiológicos, sicológicos y genéticos. Se caracteriza por una dependencia emocional y a veces orgánica del alcohol; produce un daño cerebral progresivo y, finalmente, la muerte.
Por todo lo anterior, concluimos en que el alcoholismo mata y que puede evitarse la inclusión de nuevos consumidores jóvenes en el grupo de adictos si se toman medidas efectivas dentro de las políticas públicas de salud bolivianas.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y docente universitario UNSLP.
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