PDVSA no firmaría ni ha firmado en Venezuela un contrato con otras compañías, por más amigas que sean, como el que ha suscrito con YPFB. El pasado 16 de julio debía ser escenario de un gran show político–petrolero. Ese día, conjuntamente con la promulgación de la ley que autorizaba la exploración petrolera en el norte de La Paz, también se pensaba tener montado en El Alto un equipo de perforación de pozos de petróleo (recién adquirido por YPFB), para que alteños y otros ciudadanos visiten y conozcan una de esas torres casi míticas que se utilizan para perforar y encontrar hidrocarburos.
El gran show casi falla. El equipo sufrió demoras en su arribo y la ley para el contrato estuvo a punto también de atrasarse, porque a último momento S.E., con ese fino instinto político que le caracteriza, devolvió el texto aprobado exigiendo que se incluyan las cifras de inversiones en el contrato. Así se hizo y el 16 de julio se promulgó la Ley 3911, con un extenso anexo de correcciones, aprobando el contrato para la exploración y explotación de áreas reservadas (Sécure, Madidi, Chispani, Llikimuni y Chepite) entre YPFB y YPFB Petroandina SAM. El anuncio de ley fue realizado en Sesión de Honor del Concejo Municipal. La mayoría de los paceños han quedado ilusionados con la promesa de S.E., en sentido de que en un par de años deberíamos tener una producción de petróleo en La Paz gracias a la firma del contrato.
Es un contrato para un área gigantesca, más de tres millones de hectáreas. Para que el lector pueda imaginar el área en cuestión, le ruego ponerse frente a un mapa del país, visualizar paralela al lago Titicaca, pero al otro lado de la Cordillera Real una franja de unos 20 km de ancho que corre desde Cochabamba en forma diagonal hasta la frontera con Perú. Una especie de gran barrera del norte de La Paz, en las estribaciones de la Cordillera Real y los llanos. En otras palabras, toda el área más plausible en la que se puedan encontrar campos comerciales de hidrocarburos.
El contrato da exclusividad de operación en esa enorme franja por 40 años. En palabras simples, el futuro petrolero de La Paz está atado al éxito o fracaso de la Sociedad Anónima Mixta (SAM) de YPFB y Petroandina (PDVSA). Sólo si ésta no cumple el programa de inversiones, $us 242 millones en seis años, deberá devolver el bloque en el que la inversión no se realizó total o parcialmente. ¡Salvo casos de fuerza mayor que le hubieran impedido realizar las inversiones!
El contrato propuesto por YPFB al Congreso era totalmente deficiente. Un contrato más político que de exploración y así, rápidamente y sin ninguna observación, fue aprobado por la Cámara de Diputados. La Cámara Alta introdujo importantes mejoras salvo el requerimiento de S.E. de fijar el monto de inversiones (originalmente no se tenía, se acordaba establecerlo después de firmado y aprobado el contrato). Pero aún así es un documento débil y un pálido reflejo de los contratos firmados con las empresas antes y después de la nacionalización.
Cómo se ha llegado a ese punto, es una historia larga. Pero resumiendo, se origina en la Ley 3058 y otros D.S. posteriores que permiten separar áreas para YPFB y que el ente estatal no esté obligado a licitar si busca socio. Se puede debatir si esas libertades para YPFB están correctas o no, pero lo que se puede afirmar, sin lugar a equivocarse, es que PDVSA no firmaría ni ha firmado en Venezuela un contrato con otras compañías, por más amigas que ellas sean, como el que ha suscrito con YPFB.
A la luz de lo sucedido, me permito sugerir al Gobierno que envíe sus máximas autoridades del sector y negociadores de YPFB a cursos sobre macromanejo de la industria petrolera que se imparten en otras partes del mundo y en todos los idiomas. No estoy sugiriendo que tomen carreras universitarias, sino cursos de pocas semanas, sobre los elementos fundamentales de la industria que se aplican a todo lo largo y ancho del planeta. Playa Varadero no es uno de esos lugares, pero si así fuera, mayor razón para que retornen a ese bello lugar.
Una de las primeras lecciones que recibirían sería las recomendaciones para administrar las áreas prospectivas en cualquier país. Licitar entre compañías altamente calificadas, no asignar grandes extensiones a una sola y ser doblemente cuidadoso si se busca sociedad. En ambos casos, adoptar un cronograma escalonado que permita resolver el contrato en determinados momentos para no comprometerse desde el inicio a plazos largos. A contrato o en sociedad, lograr la presencia de más de una compañía para beneficiarse de una sana competencia.
La segunda lección será para explicar las razones que justifican las recomendaciones anteriores, en la que se les mostrará que contratos por un área gigantesca, con una sola empresa y por 40 años, como el firmado para el norte de La Paz, eran los que las potencias colonialistas lograban en el mundo atrasado de principios del siglo XX.
Qué tristeza, hemos retrocedido más de cincuenta años en la contratación de áreas petroleras y, más aún, en ese discutible contrato están depositadas las esperanzas de los paceños.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero.
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