El movimiento guerrillero más antiguo de Latinoamérica languidece sin salida; se debate sin encontrar una escapatoria plausible. El problema no es militar o de negociación, mucho menos de recursos. Es simplemente de percepción de la realidad desde un mundo absolutamente diferente al del resto del planeta. Luego de nacer en Colombia como un exitoso grupo reivindicatorio campesino que viró a la izquierda, sus únicos amigos actuales son apenas los románticos hippies de países millonarios y ex guerrilleros resentidos como el presidente Ortega. El mundo entero marcha vestido de blanco para pedirles que entiendan lo ineludible: que ahora son tan anacrónicos como la Inquisición que quemaba brujas y herejes.
Tres generaciones de combatientes se formaron en el infierno verde, percibiendo al país y al mundo como demonios perversos. La única actividad productiva que comprenden, paradójicamente después de haberla combatido, es la producción de cocaína. El resto del ingreso provino siempre del ‘aporte’ de los campesinos quienes tienen que compartir sus gallinas, yucas, maíz y ahora sus hijos e hijas. Del asalto a sangre y fuego a poblaciones campesinas pobres, en los que mueren los policías, el cura, el alcalde, el administrador del banco o el farmaceuta por representar al enemigo, a más de otros demonios particulares (transportistas, comerciantes, etc.) que parecen haberse vendido al Estado. Sus fuentes importantes de ingreso, sin embargo, fueron los rescates de los secuestros a comerciantes y empresarios y la extorsión permanente a sus negocios. Sin comunicaciones y liderazgo local, éstas últimas casi desaparecieron. De tres mil secuestrados, parece que sólo sobreviven unos setecientos cincuenta. Los rehenes y los guerrilleros, por igual, son prisioneros y sufren la incomprensión en este universo esotérico.
Para los que conocen las barracas de Riberalta en donde se cosechan las castañas, es imaginable la selva colombiana. Viajemos por un instante a ese clima que destruye unas botas de cuero en un mes, convirtiéndolas en una maceta de hongos multicolores, un suelo tóxico, sin nutrientes minerales cuya riqueza se concentra en forma viva en un dosel vegetal que reduce la luz en un 95 por ciento. Sólo se diferencia con dificultad el día y la noche, de la lluvia o del goteo permanente que convierte el suelo en un fangal de color pardo. Allá tuvieron que refugiarse mientras que sus rehenes, políticos y militares, los defienden de los bombardeos o de los ataques directos.
Este es el momento para una salida airosa, con la entrega de los rehenes y su viaje a territorio francés con sueldo y protección de refugiados políticos. Oferta generosa. Sin embargo… ¿Cómo imaginar desde el infierno verde, que siquiera pueda existir el cielo, ya que sin conocerlo lo satanizaron?
*Jorge Zapp es consultor internacional.
¿Cuál soberano?
Los bolivianos no podemos olvidar que en este último período de nuestra democracia no se respetó la decisión del pueblo boliviano cuando, en el referéndum sobre el gas
Seguridad jurídica y daño económico
Las declaraciones presidenciales y las excitadas amenazas vicepresidenciales configuran un penoso cuadro de verborragia autoincriminante de inusual violencia y de un cinismo nunca antes visto.
Las pensiones en el carrusel
Si el sistema es estatal, se tiene los fundados temores de que quede en manos de gente con poca experiencia en el manejo de activos.
Nuestra imagen en el exterior
No sabemos si todos los miembros del MAS tienen la misma óptica respecto a la imagen que ofrece el Presidente de la República en el exterior, pero estamos seguros de que más de uno se debe espantar, como nos espantamos el resto de los bolivianos.