Los operadores viven los accidentes desde tierra RELATOS • Dos funcionarios de AASANA compartieron algunas de sus experiencias. Ellos sirvieron de soporte o de consuelo a capitanes.
“Capitán, de acuerdo a lo estimado, usted ya debería estar en Riberalta; ‘negativo’ dijo, y continúo buscando un lugar dónde aterrizar”. Ése es parte del relato de Wálter Jurado, quien fue operador, aquel funcionario de la Administradora de Aeropuertos y Servicios Auxiliares de Navegación Aérea (AASANA) que mantiene contacto con los pilotos y cuando se presentan emergencias, las vive desde tierra.
Ahora es jefe nacional de Operaciones de AASANA. Pero como operador tuvo que abrigar esperanza en pilotos que creyeron que no aterrizarían con vida. Y algunos no lo hicieron.
En el caso del piloto que no llegaba a Riberalta, logró con su alerta que un grupo de motociclistas alumbraran el camino de la nave, como si fueran luces de una pista de aterrizaje.
Fue hace casi 15 años, cuando ejercía como operador en la Estación Aeronáutica de AASANA. Dentro de sus funciones estaba la de controlar los vuelos, registrar despegues, aterrizajes y estar en constante contacto con los pilotos para mantenerlos informados; crear el binomio piloto- operador. “Es una especie de concubinato. No podría decirle por qué algunos se salvan y otros no, es el destino”, sostuvo.
Otro caso fue muy triste, y al recordarlo, no puede evitar que se le salgan las lágrimas. Relata que un piloto le dictó el número de teléfono de su esposa para que le dé un recado: “dígale que la quiero mucho”, y luego se fue.
Al igual que Jurado, Bruno Sánchez, quien ahora es jefe nacional de Tránsito Aéreo de AASANA, coincidió que en reiteradas ocasiones el operador de la Estación debe ser el compañero que guía al piloto con la voz, y, lo más ingrato, no llegan a conocerse en persona.
Dio ánimo al copiloto que tenía pocas horas de vuelo y tuvo que ponerse a cargo de un avión comercial cuando un esquizofrénico que viajaba había golpeado al comandante de ese vuelo y atemorizó a los pasajeros.
Testimonios
“Dígale a mi esposa que la amo”
“Un día de esos de rutina, había una avioneta pequeña que venía de Cobija (Pando) a La Paz, tenía unos cuatro pasajeros y debía llegar a la ciudad antes del crepúsculo, antes de que se entre el sol. Sin embargo, anocheció y se mantuvo perdido. Me reportaba que no veía nada, ‘estoy volando a ciegas’, decía. Pasaron unos minutos y escuché: ‘hágame un favor: llame a este numero de teléfono y dígale a mi esposa que la amo mucho’. Como más de una persona viajaba en esa nave, parecía que se quitaban el micrófono y todos hicieron lo mismo; se despidieron porque la ruta que viene de Cobija alberga los cerros más altos y esta aeronave volaba bajo, iba directo a estrellarse. En ese momento, recibí la conferencia de otro avión que venía de Cochabamba a La Paz e hice que se comunicaran. El capitán le indicó que vaya hacia las nubes brillosas, porque reflejan las luces de la ciudad y debió hallarlas, si aterrizó, no sé. No sé si hubiera llamado a su familia, no lo sé. Hubiera sido ingrato”.
“Tenía a bordo a un esquizofrénico”
“Trabajaba de operador y nos dieron una transferencia del Brasil, era un vuelo comercial. El copiloto llama al centro de control y nos dice que tenía a bordo a un esquizofrénico que había golpeado al piloto y hacía desmanes abordo. Dijo que iba a aterrizar de emergencia y pidió que alertemos a seguridad, lo iba a hacer solo. Nos informó que hacía sus primeras horas y pidió colaboración, los pilotos del Lloyd le decían qué hacer en términos técnicos para que aterrice y lo hizo, lo logró. La seguridad del aeropuerto sacó al hombre y, luego de controlar la situación, el copiloto dio las gracias a todos, incluso a quienes ni participaron y al final de la fila estábamos nosotros, los operadores. Nos presentamos y nos abrazó, nos dijo que gracias a nosotros estaba a salvo, quizás porque le dimos apoyo, le dijimos que estábamos con él. Pero fue algo inusual, la situación en ese avión movilizó a todo el personal del aeropuerto”.
“Llamaron a los motociclistas”
“Una aeronave debía llegar a Cobija (Pando) de La Paz en la tarde, pero decidió desviarse a Guayaramerín (Beni) cuando ya estaba oscureciendo, las estaciones de Guayaramerín, Riberalta y Trinidad estaban al aire y fue ahí que el piloto dijo que ya no tenía visibilidad. La nave descendió de los 12 mil pies y aun así decía no tener contacto visual con el terreno. Yo procuraba conversar con él, saber que estaba vivo, preguntándole qué es lo que quería hacer. Avisó que iba a bajar y hacer un aterrizaje de emergencia, de pronto dijo, ‘veo luces’, y en esas circunstancias, como no había iluminación de pista en el lugar, desde allí llamaron a los motociclistas del pueblo para que se acomodaran a los costados, formaron una pista y la iluminaron con sus faros, supongo que fueron unos 50, una hilera en cada lado. En pueblos del Beni, los motociclistas siempre están dispuestos a cooperar, desde que escuchan el motor del avión.