Hoy se conmemora el 183 aniversario de la independencia y fundación de la República de Bolivia. En efecto, el 6 de agosto de 1825, la Asamblea Nacional reunida en Chuquisaca aprobó la proposición de conformar un país libre y soberano, suscribiendo el acta consecutiva de la independencia de las provincias altoperuanas.
Los convencionales habían elegido la fecha del 6 de agosto por ser aniversario de la batalla de Junín, acaecida un año antes. Lo hicieron con el convencimiento de que el nuevo Estado había nacido bajo la égida del Libertador Simón Bolívar y a la sombra de las glorias de Junín y Ayacucho, y porque además la incursión al Alto Perú, efectuada por el ejército del Mariscal Sucre, determinó la independencia definitiva de este territorio. Por esta razón, pocos días después, la Asamblea resolvió adoptar la forma republicana de gobierno representativo y determinó nominar a la nueva nación con el nombre de Bolívar y a su capital, con el de Sucre.
La Asamblea había comenzado sus sesiones un mes antes, el 10 de julio. Según el ilustre historiador don Enrique Finot, los distritos de las cuatro provincias altoperuanas habían enviado a Chuquisaca a lo más conspicuo y representativo entre sus hombres. En su inauguración estuvieron presentes 39 diputados, y la mesa directiva estuvo presidida por don José María Serrano, quien fuera miembro del Congreso de Tucumán que en 1816 había declarado la independencia de la República Argentina.
Una vez iniciadas las sesiones, los congresistas se abocaron al asunto fundamental, el relativo a la organización del Alto Perú. Hubo tres propuestas al respecto, la de la independencia total, la anexión al Perú y la unión con la Argentina. Sólo dos diputados apoyaron la segunda fórmula. Y la tesis favorable a la independencia absoluta contó casi con la unanimidad de los votos.
Esas memorables sesiones donde se creó el nuevo Estado boliviano se llevaron a cabo en la antigua capilla de la histórica Universidad de San Francisco Xavier. Actualmente, ese salón es conocido como la Casa de la Libertad, el cual además sirvió durante mucho tiempo como sede de los congresos nacionales.
Una vez decidida la fundación de la República, la Asamblea designó a los doctores Olañeta y Mendizábal, para que se hicieran presentes en La Paz para saludar al Libertador Bolívar que recién llegaba a esa ciudad, y para manifestarle que por decisión de dicho congreso, el Libertador ejercería el Poder Ejecutivo mientras residiera en el nuevo Estado, el cual llevaría su nombre.
Otra comisión para esos diputados era la de solicitar al Libertador que empleara ´sus esfuerzos, valimiento y poderoso influjo con el Bajo Perú´ para que Arica ´venga a quedar en el territorio de la República, que hará las indemnizaciones necesarias por su parte´.
Para los propios fundadores de la República, era evidente que la nación boliviana necesitaría del puerto de Arica para su progreso económico y la plena autonomía de su tráfico comercial. Pues como bien observó el propio Mendizábal, el nuevo Estado nacía a la vida independiente con ´absoluta carencia de puertos´, porque los que poseía en su litoral, no merecían el nombre de tales. Y además, porque ese puerto fue la salida natural del Alto Perú durante todo el período colonial. Había sido creado por el virrey Toledo en el siglo XVI para encaminar la plata extraída de las minas altoperuanas y por ello era conocido como ´Puerto Potosí´.
Como muy bien comenta Finot, ´era la primera voz de alarma sobre un problema capital, el de la clausura del territorio, problema que en lugar de resolverse, se ha agravado en el curso de la historia republicana´. Evidentemente, la nación boliviana, nacida ese glorioso 6 de agosto de 1825, nunca pudo desarrollarse plenamente por sus graves problemas portuarios, los cuales, mientras no se resuelvan satisfactoriamente, perjudicarán al país ahora y siempre.
*Ramiro Prudencio L. es diplomático e historiador.
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