Quién, quiénes aceptan la norma y la siguen? ¿Quiénes aceptan las leyes y las respetan en nuestro país? Por el contrario, hemos entrado al torbellino del vale todo, al total irrespeto y violación de la ley y la Constitución Política del Estado. Estamos hundidos en la anomia, no hay sensación de existencia de la norma, cada quien puede hacer lo que quiera. Lo que hace cada uno es juzgado como legal por ellos mismos, en tanto que es catalogado como ilegal lo que hacen los demás. Pareciera haber un acuerdo implícito entre todos para aceptar que todos deben violar la ley. Estamos en la jungla, vale la ´ley´ del más fuerte, del que tiene algún poder.
Cambalache es nada para describir lo que pasa en el país. No sólo vemos el reino de los inmorales —como dice el tango—, sino que el cinismo ha entrado vertiginosamente en la política. Ya no se cuidan las formas para nada, ni para mentir ni para el uso privado de lo público. Ya no hay sonrojo por la violación de la ética, ahora vale la ´ética´ de la política, de ésa que no respeta principios morales. No sólo que no hay sensación de existencia de la norma, sino que cada día es más visible el hundimiento de las instituciones. La institucionalidad no sólo está desportillada, sino que, más grave que eso, está profundamente averiada y en camino de poseer más deterioro.
¿Qué es lo que tiene legalidad ahora en Bolivia? ¿Es legal que miembros de las FFAA sean parte de un acto terrorista? ¿Es legal que se impulse a que la Policía cuide a los movimientos sociales, cuando éstos actúan generando desorden público? ¿Es legal que la Policía no actúe cuando los movimientos sociales acosan al Parlamento? ¿Son legales todos los linchamientos que se justifican bajo el alero de la justicia comunitaria?
¿Es legal que el Presidente regale dinero venezolano sin que esos recursos entren al Tesoro General de la Nación y sean auditados por la Contraloría General de la República? ¿Es legal echar de sus cargos a policías que cumplieron sus funciones cuando los movimientos sociales cercaban la embajada estadounidense? ¿Es legal el uso de los recursos públicos para la campaña del MAS? ¿Es legal no haber respetado los dos tercios en la Asamblea Constituyente? ¿Es legal haber modificado a antojo los reglamentos de funcionamiento de la Asamblea Constituyente? ¿Es legal la violación de la correspondencia de las personas? ¿Cuánta legalidad tuvieron los procesos de ratificación de los estatutos autonómicos? ¿Cuál es la legalidad del referéndum revocatorio? ¿Dónde está la institucionalidad del poder electoral, del Poder Judicial? ¿Dónde está la vigencia de los pesos y contrapesos de los poderes del Estado?
El Estado de derecho se ha perdido, y cómo no se va a perder si el Presidente dice: yo le meto nomás, aunque sea ilegal, y que los abogados legalicen la ilegalidad. El Gobierno no respeta la ley y nadie la quiere acatar. Pero, todo eso implica que está en peligro la convivencia cotidiana entre todos los bolivianos. El Gobierno, con lenguaje confrontacional y con el irrespeto de la Ley, conduce a un desmoronamiento de la democracia; los ciudadanos debemos evitar eso.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
El hombre y la ley
No tengo la presunción de que esta columna altere el resultado del referéndum de mañana; de hecho, ni los muertos mineros ni las aventuradas reformas de la ley de pensiones lo podrán, así que también yo "le meto no más".
Preocupación entre los vecinos
La continua crisis institucional boliviana genera mucha preocupación en los países vecinos y no se descarta algún tipo de intervención política para abrir espacio a una solución negociada entre el gobierno del presidente Evo Morales y los dirigentes de la oposición.
Qué entendemos por "el cambio"
Desde hace dos años y medio el Gobierno de Bolivia y sus seguidores mayormente residentes del occidente del país hablan del "cambio", pero nadie explica de qué "cambio" se trata ni hacia dónde quiere llevarnos.
Que no se equivoque el Presidente
Que no se equivoque el Presidente creyendo que la votación que logrará mañana será eterna. Él, como político, tiene que saber que el voto es tremendamente ingrato, y que el voto de El Alto es más todavía, es peligrosamente volátil.