Desde el año 2000, Bolivia viene atravesando por una crisis de múltiples dimensiones, siendo que este terremoto social tiene varios epicentros: el grave desajuste político e institucional, el cortocircuito entre legalidad y legitimidad, la fragmentación sociopolítica y el languidecimiento del Estado, para mencionar los más importantes. Sin embargo, a pesar de la crisis y de los elevados grados de tensión y los desbordes de violencia, hasta ahora los bolivianos(as) hemos apostado a resolver nuestros problemas en el marco de la democracia y promoviendo varias elecciones. En efecto, después de la caída de Sánchez de Lozada, se produjo una sucesión presidencial compleja pero que se mantuvo en lo establecido en la Constitución Política del Estado. Posteriormente, se han realizado varios actos electorales para escuchar la voz del soberano. Decidimos colectivamente sobre el destino que queríamos darle al gas natural. El pueblo boliviano en el año 2005 eligió a sus principales autoridades y al Congreso Nacional. Posteriormente, fuimos a las urnas y elegimos una Asamblea Constituyente que, lamentablemente, se extravió en el camino del pacto social. Diferentes regiones han votado también, por primera vez en Bolivia, para elegir prefectos. De igual manera, cada departamento votó por la autonomía y luego, en las urnas, ciertas regiones se manifestaron sobre sus estatutos autonómicos. No fue por falta de participación ciudadana que no se resolvieron nuestros problemas.
Hoy, domingo, nos preparamos nuevamente para una votación que deberá ratificar o no al Presidente de la República y los prefectos. Esta avalancha de procesos electorales muestra que el pueblo boliviano apuesta a resolver sus problemas económicos, institucionales y políticos en democracia. Por mucho menos, países de Centroamérica y Europa se han ido a las manos, terminando en cruentas y estúpidas guerras civiles. En un poco más de dos años y medio, le hemos preguntado de todo a la gente. La respuesta, en general, siempre fue la misma. Por un lado, buena parte de la población apoya un modelo económico y político que fomente la inclusión social y étnica. Con toda razón, no acepta más la pobreza y quiere un cambio profundo. Otra parte significativa del país ha manifestado que quiere autonomía, entendida ésta como una mayor proximidad del Estado a la gente, participación democrática y desarrollo local de base productiva. La voz del soberano es clara y así lo revelan los mapas electorales que desde el 2005 muestran un país dividido. Hoy estamos votando nuevamente y seguramente tendremos resultados muy parecidos a las anteriores elecciones. Las bolivianas(os) han cumplido ampliamente con su país; han manifestado sus ideas y deseos plurales con toda claridad en torno a la agenda de inclusión social y el proceso autonómico, más allá de la manipulación que puede existir de estos temas por parte de ciertos grupos de interés.
Quienes no parecen entender el mensaje del soberano son nuestros líderes políticos; independientemente del lugar que ocupen en el espectro ideológico, insisten en que el soberano dirima el choque de agendas, cuando la mayoría de los bolivianos(as) quiere autonomía con inclusión social en el marco de un modelo de desarrollo integral y sostenible. Por lo tanto, quienes están fallando son los actores políticos, que insisten en las acciones de enfrentamiento y que, en el fondo de su alma, abrigan la esperanza de derrotar completamente a la otra parte. Son los guerreros haciendo política, los que viven del conflicto, los que ven el mundo en blanco y negro. Son los líderes que creen que en el campo de la política sólo hay enemigos y no así adversarios. Que no entienden que la esencia de la democracia es la pluralidad, que nadie tiene el monopolio de la sensibilidad social, que el cambio en una sociedad democrática tiene múltiples caras, que diferencias de visiones e ideas son una cualidad de la democracia, que la homogeneidad es tonta y revela actos de exclusión, y es uno de los rostros del autoritarismo. Como dice Chantal Mouffe: “Para que exista democracia ningún agente social debería poder reclamar dominio alguno sobre el fundamento de la sociedad”. El espacio simbólico común, que denominamos Bolivia, podemos organizarlo de diferentes maneras.
En suma, el antagonismo político y la confrontación valiente de ideas, en una sociedad democrática, no se los puede negar. Más aún, se los debe fomentar; aquí está el gen del verdadero cambio. Las visiones únicas son una amenaza para la democracia. De esta visión de la sociedad y el poder se desprende que la política debe ser entendida como el arte del encuentro, la ingeniería de concertación, el tejido del acuerdo. La idea de que la política es la ciencia de tender puentes y no hacerlos explotar. La política, como decía Aristóteles, es la guerra por otros medios y no un instrumento de la beligerancia.
Hoy, el pueblo cumple con el país. Votará y es de esperar que nuestros políticos estén a la altura de las circunstancias que exige Bolivia y sepan hacer su trabajo, que es pactar un futuro para Bolivia en base al mandato que ya dio la población. Es muy peligroso cansar a la gente y la democracia repitiendo la misma pregunta. Ya tenemos un objetivo común: iniciar un proceso autonómico con inclusión social y étnica, lo cual requiere la reconstrucción de la institucionalidad y una revolución productiva. ¿Qué más necesitan saber para parar su champa guerra?
Un paso atrás en los derechos humanos
El 17 y 18 de junio, el Parlamento Europeo sometió a debate y votación la Directiva de Retorno, también conocida como directiva de la vergüenza.
El peso del Chapare
El presidente Evo Morales estará este domingo en el Chapare, porque es allí donde figura como elector. Aunque esa región no sea la residencia del Presidente, merece ser tomada en cuenta como una de las principales del país, debido a razones conocidas.
Se ha convertido en el centro donde se toman las decisiones más importantes.
Toma de aeropuertos vs. ánforas
Otra vez me toca escribir esta madrugada del viernes para que tú, caro lector, lo leas el domingo, y ¡qué domingo!, después de ¡qué martes en Kaywasi! ¡y de qué movidas, bloqueos y desfiles en las fiestas patrias del miércoles! ¿Qué puedo escribir esta madrugada, después de los cierres de campaña de anoche, sin saber aún qué pasará hoy y mañana, sábado, para que tú lo leas el domingo? Así de rápidas y cambiantes son nuestras coyunturas
Alexandr Solzhenitsin
Como en la última etapa de su vida se dedicó a lanzar fulminaciones bíblicas contra la decadencia de Occidente y a defender un nacionalismo ruso sustentado en la tradición y el cristianismo ortodoxo, se había vuelto una figura incómoda, hasta antipática, y ya casi no se hablaba de él.