Una dupla boliviana participó en la competencia realizada en Jujuy y Salta, donde imperó el espíritu de equipo y el respeto a la naturaleza.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Experiencia 4x4
A la una de la madrugada, la temperatura desciende hasta los 22 grados bajo cero en la puna de Abra Pampa, Jujuy, en Argentina. Diez camiones y 20 conductores, entre ellos dos bolivianos, terminan la prueba Súper Especial de siete horas de duración por pequeños senderos. Aún quedan tres jornadas más de competencia en el Experiencia 4x4.
Al final de cada jornada, los jueces se reúnen y evalúan el rendimiento de los diez equipos, pero el veredicto es el mismo: nadie gana. En este deporte, la única vencedora es la naturaleza.
En la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, los motorizados de cuatro ruedas, además de promocionar turísticamente el lugar, “llevan consigo una sola camiseta: la del equipo”, sintetiza Enrique Camaratta, impulsor de la competencia internacional.
“Aquí, todos debemos partir y llegar juntos. La ayuda entre todos es vital, porque se trata de consolidar al grupo ante la adversidad, a la vez de explorar nuevas fronteras en situaciones extremas”, resume el paceño Javier Álvarez Avilés, de 46 años, uno de los mejores conductores en la modalidad de expedición en 4x4 en Bolivia y que junto a Piero Pucci Terrazas (32), representó como Off Road Club (ORC) a Bolivia en Experiencia 4x4 - Tren a las Nubes Quebrada de Humahuaca 2008 que se cumplió en abril con los mejores pilotos de Sudamérica y Europa.
Pentatlón sobre motores
Correr, luchar, saltar, jabalina y disco. El pentatlón olímpico comprende esas cinco pruebas, pero Piero no pensó que además de manejar un vehículo todo terreno, también tendría que correr, pasar en pontones un río, conocer de navegación con un Sistema Global de Posición (GPS) y tener la fortaleza física para cavar y abrir caminos en lugares inaccesibles.
“Fueron como cinco pruebas y más en una sola durante siete días”, explica el bicampeón nacional de 4x4 en la especialidad de circuito y subcampeón en rally.
Inspirada en la legendaria prueba Camel Trophy, el Experiencia 4x4 se hizo internacional por primera vez con representantes de Colombia, Chile, Bolivia y Polonia, además de los anfitriones. Cerca de 80 personas, entre ellos 40 periodistas, diez camionetas Ford Ranger 4x4 cero kilómetros, dos camiones Scania 6x6, un Fiat Iveco y diez kayaks formaron parte del operativo, que del 14 al 24 de abril, recorrió dos mil kilómetros del norte argentino desde los yungas a la puna jujeña.
La exigencia fue al máximo desde el primer día. La caravana entró desde Salta a la región subtropical de San Salvador de Jujuy para pasar por el río San Lorenzo.
Para ello, los equipos armaron y montaron uno a uno los pontones con kayaks para cruzar el afluente sin motor y a fuerza de brazos. Entre la una de la tarde y las seis menos cuarto, sólo tres de las diez camionetas de dos toneladas, llegaron al frente. Se tuvo que esperar que calmara la corriente para reanudar el cruce. Una selva subtropical, caminos accidentados e intenso calor esperaron a los aventureros.
El segundo día enlazó el Parque Nacional Calilegua (Jujuy), Ingenio Ledesma con San Francisco. El reto fue abrir camino.
Al llegar al tercer día, a los pilotos y navegantes les tocó bajar de sus habitáculos para unir los tramos a pie. “Hicimos trekking y subimos desde los 1.400 metros hasta los casi 3.500 metros de altitud durante todo el día. Debieron ser quizá unos 12 kilómetros”, recuerda Javier, a quien todo el trayecto le recordaron que porque venía de las alturas no tendría problemas en escalar.
“Lo bello fue que el guía, que era argentino, siempre decía a todos: ‘yo mantengo el paso, porque me prepararé en Bolivia’”.
Una carpa escarchada
Cuando Experiencia 4x4 unió Humahuaca-Iturbe e Iruya, en la cuarta jornada, todos creyeron que la competencia finalizaba por la tarde, pero no fue así.
“Manejamos durante unas cinco horas, llegamos al campamento (cerca de las 17.30) y luego nos dijeron que teníamos media hora para armar las carpas para después realizar la prueba Súper Especial”, cuenta Piero. Ese fue además el momento en el que junto a Javier vieron una wiphala dentro de una bandera argentina izada en una casa de Iruya.
Luego la conducción nocturna se abrió en medio de senderos, caminos de tierra y en algunos casos, los pilotos “tuvimos que abrir ruta a pala y picota”.
En total, los diez equipos manejaron 12 horas sin pausa. El esperado descanso llegó bajo cero.
“La temperatura descendió hasta los 22 grados centígrados dentro de nuestras carpas, donde se formaron escarchas”. Al día siguiente se congeló la bomba de diesel de una de las camionetas y el coche no quiso encender.
La quinta estación se realizó sobre un terreno montañoso conocido como “la Siberia argentina”. La temperatura volvió a bajar.
Luego, la resistencia de los coches pasó examen en la sexta etapa sobre rutas en mal estado, hasta llegar a Laguna Pozuelos.
A esas alturas, a los bolivianos les tocó hacer equipo con dos polacos, que venían de competir en tres mundiales de 4x4. El problema del idioma fue el primero con el que chocaron. Después, el deseo de ganar de los polacos. “No les interesaba ayudar, velaban más por ellos. Salimos terceros, pero todos destacaron que pese a eso nosotros mantuvimos al equipo”, considera Piero.
Fue así que mientras el equipo de Bolivia fue respetuoso de las normas, otros cortaron camino y destruyeron parte de la naturaleza, lo que les costó sanciones.
El enlace condujo hasta Lipán para dirigirse hasta Salinas Grandes, parecido al salar de Uyuni, pero pequeño. La cita concluyó en Salta. El Experiencia 4x4 acabó y se apagaron los motores.
Los organizadores premiaron el esfuerzo de los colombianos Guillermo Olarte y Felipe Arango, destacaron a Guillermina Pertino y Karina Sanz como las portadoras del espíritu de equipo. Sin embargo, para Olarte, “todos ganaron, no hay perdedores. Triunfaron los diez equipos ante el reto del valor, la solidaridad, la destreza técnica y el esfuerzo”.
Los organizadores alistan la versión 2009 y el presidente del ORC, Luis Fernando Leytón, que acompañó al equipo, sueña en voz alta y quiere organizar una prueba similar pronto en Bolivia.