“...la diferencia entre uno y otro bando es relativamente corta. De ahí que se ha vuelto a hablar del empate catastrófico” Estaba cantado que el referéndum revocatorio ratificaría a Evo Morales y a García Linera. Pero, la ventaja obtenida por el Presidente está disminuida por el hecho de que el país no tenía una alternativa distinta que ofreciera mayores garantías de una institucionalización seria. Y don Evo se ha esmerado en destruir las principales instituciones del Estado de Derecho. El Poder Judicial es el ejemplo más patético. La ignorancia constitucional de una gran mayoría de la gente contribuye al ensombrecimiento de la ´victoria´. ¿Tan desprendido del poder será Evo como para renunciar a la reelección prevista en el engendro de la Asamblea Constituyente? Tengo mis serias dudas.
La duda estaba en si esta suerte de reelección se justificaría por un número de votos, o muy superior o sensiblemente inferior a los resultados obtenidos en las elecciones nacionales del 2005. Al fin, el Presidente y su vice fueron ratificados. Al recibir los informes de los escrutinios, aún provisionales, los dos primeros mandatarios salieron al balcón principal del Palacio Quemado a recibir los vítores de sus seguidores. El discurso presencial fue sorpresivamente moderado. Mostró su buena disposición para el diálogo con los cívicos y prefectos de la Media Luna, cosa que llenó de esperanzas en una nueva forma de hacer política, distinta de la confrontación. Aunque no me atrevería a poner las manos al fuego sobre el cumplimiento de este anuncio, porque el diálogo presupone buena fe en las dos partes. Y me temo que don Evo y sus asesores hablan de diálogo, cuando detrás de esta palabra mágica esconden la decisión de someter al contrincante. En efecto, tengo para mí que Evo Morales no renunciará a imponer la ´Constitución de La Glorieta´, estatista, centralizadora, indigenista y socializante. Modelo Chávez. Y los cívicos, junto a los prefectos autonomistas, por su lado, tampoco se conformarán con renunciar a la posibilidad de ser unos reyezuelos y disponer de buenas sumas de dinero para su jurisdicción.
Con todo, el evidente incremento en la participación de votantes (un 81%) tiene dos lecturas. La más benigna es que la ciudadanía va tomando conciencia de sus obligaciones cívicas. La otra versión, más exigente, es que aumentó el ´cabreo´ de gran parte de la población que fue a las urnas para certificar su ira, sea contra el Gobierno o contra los prefectos y las autonomías. Mejor las urnas que recurrir a la violencia física para imponerse irresistiblemente sobre el otro.
Algo más, los primeros escrutinios dieron como resultado que la diferencia entre uno y otro bando es relativamente corta. De ahí que se ha vuelto a hablar del ´empate catastrófico´, expresión salida del erudito Vicepresidente. Cierto, si no hay real buena fe en el diálogo y si se mantiene la férrea intolerancia, volvemos a caer en el diálogo de sordos, el empate será catastrófico.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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