Ya hemos vivido un sinnúmero de fiestas democráticas, sea cual fuera la causa o sea cual fuera el motivo; se ha elegido presidentes, se ha elegido alcaldes y ahora se ha revocado prefectos departamentales. La fiesta democrática es algo que nos lo hemos ganado por derecho de ser bolivianos y habitar en nuestro territorio. Asimismo, como todos sabemos, los días previos a cualquier elección el país marcha a paso de tortuga debido a la incertidumbre que hoy en día significa una elección en el país.
Bolivia se para por todo y por nada; por fiestas populares o por huelgas. El trabajo a media máquina se observa en todas las instancias, en el ámbito privado y en el público. Las exportaciones, que son pocas, sufren las inclemencias de la lentitud con la que se llevan a cabo las actividades comerciales en periodos eleccionarios.
Sin embargo, los pacientes y sus enfermedades no paran ni un minuto; diariamente se presenta un sinnúmero de urgencias en todos los hospitales y puestos de salud del territorio nacional y también se tiene que atender a pacientes con enfermedades agudas y crónicas. Cada mes tenemos que finalizar con un índice exponencial de muertes por desnutrición, deshidratación, enfermedades infecciosas, partos domiciliarios sin asistencia médica, etc.; enfermedades que llevan más de cien años sin ser resueltas.
Escasean los medicamentos o simplemente no llegan, y la gente sigue enferma; pero eso sí, ´todos deben participar de la fiesta democrática´ porque es un derecho de los ciudadanos. Si el dinero gastado en tanta propaganda, en costosísimos spots televisivos, se invirtiera para educación e higiene; si los dimes y diretes de la guerra política dirigieran su discurso para discutir la situación real de la salud boliviana, otra sería la historia.
Estamos inmersos en una batalla de poderes entre el Gobierno y la oposición (si es que existe oposición), donde la más afectada es la población, que cursa con enfermedades; la población inofensiva que no puede expresarse porque sufre de alguna enfermedad invalidante; los recién nacidos que llegan al mundo de los más fuertes y no figuran dentro ningún partido político; los ancianos, a quienes se les convence proponiéndoles mejores días para sus últimos días.
Es mucha fiesta democrática para tan pocos objetivos y logros que tienen los políticos para cada uno de los bolivianos… ¿y la salud? Bien, gracias.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y docente universitario UNSLP.
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