Desde este invierno, los grandes países-mercados de gas del Cono Sur han dado pasos trascendentales ingresando a la adquisición de gas natural licuificado (GNL) en ultramar que, transportado por tanqueros, es y será regasificado en puertos argentinos, brasileños y chilenos. El GNL es gas enfriado a -260º F, logrando que se convierta en líquido, reduciendo 600 veces su volumen y permitiendo ser transportado por barcos tanqueros especializados, denominados barcos metaneros. El gas licuificado llega a destino, donde en instalaciones especiales es nuevamente regasificado para ser inyectado al sistema de gasoductos del país comprador. El gas vuelve a sus condiciones originales; no ha sido transformado o ´industrializado´ como a veces se sostiene en nuestro país.
Brasil y Argentina importan gas de Bolivia por gasoducto y Chile de la Argentina por varios ductos. Sin embargo, han decidido importar ese gas licuificado de fuentes extra continentales. En otras palabras, el comercio del gas natural en Latinoamérica ha dejado de ser un comercio regional y se ha globalizado, porque el gas se licuifica en plantas fuera de la región.
Lo que debería llamarnos la atención son los precios que se está pagando por ese GNL, que después de ser regasificado es de igual calidad o inclusive menor al que reciben por gasoducto. Los 8 MMm3/D de GNL que recibe Enarsa en Bahía Blanca tienen un precio de $us 17,5/MMBTU. La primera terminal de las dos brasileñas en Pecem está recibiendo a $us 9.-/MMBTU, y se estima que la segunda en Guanabara tendrá que pagar $us 12.-/MMBTU. El gas que Bolivia exporta al Brasil tiene una fórmula que al presente está por los ± $us 6.-/MMBTU y para la Argentina ± 7.-/MMBTU.
¿Qué explica esa monumental diferencia de precios? Un concepto básico al que en estos últimos años, en nuestro país, no se le presta la atención necesaria: la seguridad energética. El poder contar con un abastecimiento ininterrumpido conforme convenido de inicio.
Nosotros teníamos un récord ejemplar en nuestro primer contrato (1972-1999) con la Argentina. La nacionalización de 1969 no interfirió; al contrario, fue un desafío que se lo enfrentó con éxito en esos tiempos. El segundo contrato es un caso triste. Desde su inicio, el 2007, hasta el presente, en ningún momento se lo está cumpliendo. Por su lado, Argentina desde el 2004 tiene con Chile un comportamiento peor que el nuestro y la esperanza de que el Perú pueda abastecer el norte chileno también se ha desvanecido por las exigencias peruanas sobre límites marítimos.
Brasil no ha sufrido incumplimientos como Chile con la Argentina o Argentina con nosotros, pero no obstante de dar todas las señas para el aumento de los volúmenes de exportación de Bolivia, coincidió con una ´nacionalización´ y todas sus incertidumbres ideologizadas sobre la inversión extranjera. La demanda no tiene tiempo para esas divagaciones nacionales. Por tanto, decidió importar GNL para acompañar su creciente mercado.
Enarsa y Petrobras están utilizando el mismo sistema, un barco metanero y regasificador al mismo tiempo que es anclado en el puerto. A ese navío llegan los metaneros que transfieren su carga al barco regasificador y éste a su vez entrega el gas al sistema de gasoductos. Son sistemas de extrema urgencia y caros, porque son casi experimentales. En el caso argentino, el sistema se lo adoptó en pocos meses por la emergencia del incumplimiento boliviano justo en invierno y está funcionando en Bahía Blanca. El mismo sistema estará en operación en Pecem, Brasil, este mes, y en Guanabara en abril del 2009.
El sistema chileno es el convencional, con instalaciones permanentes en tierra firme y estarán listas el próximo año.
De todo lo anterior, podemos sacar algunas conclusiones:
Primera. No sería serio pretender los mismos precios del GNL por nuestro gas. Los volúmenes que en forma de GNL Argentina y Brasil están importando son porque nosotros no tenemos producción que pueda ser entregada ahora. Volvemos a la frase clásica: ´No hay energía más cara que la que se necesita y no se tiene´.
Segunda. La más importante. Todo lo anterior no estaría sucediendo si nosotros y los argentinos hubiéramos tenido seriedad y continuidad en el desarrollo de nuestro sector. Sobre todo nosotros, que tenemos gas bajo tierra con reservas probadas y que no estamos pudiendo ponerlas en producción.
Tercera y final. Bienvenido el GNL al Cono Sur. A los bolivianos nos permite tener otro punto de referencia para la fijación de precios de nuestro gas de exportación. Hasta la fecha, los precios del gas de exportación han sido referidos, al fuel oil con el Brasil y al diesel con la Argentina; o sea, el precio de sustitución de combustibles que utiliza el comprador. La aparición del GNL ha creado la competencia gas versus gas.
Argentina es precursora en fijar precios con esa competencia. Argentina le ha estado proveyendo gas a Chile con dificultad, pero con un impuesto que equiparaba precios del gas, que recibe de Bolivia. Ahora ha incrementado el impuesto a la exportación de gas a Chile a $us 16/MMBTU para equiparar con el precio del GNL que recibe en Bahía Blanca (IGR, julio 25 - 2008).
Ya veremos cómo le va a la delegación boliviana que está en Buenos Aires renegociando el segundo contrato de venta de gas a la Argentina.
Todo lo anterior aporta mayores razones para que desideologicemos la industria y aumentemos reservas y producción. Hemos logrado que el gigante brasileño no pueda prescindir del gas. Argentina, con el 55% de su energía en base a gas natural, es insaciable: consume casi 2 TCF por año y, por tanto, sólo grandes reservas como las potenciales nuestras pueden enfrentar esos requerimientos.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero.
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