Al menos 14 personas murieron, entre ellas nueve soldados y un niño, y unas 40 resultaron heridas al estallar ayer una bomba cerca de un autobús en Trípoli (norte), en uno de los atentados más sangrientos de los últimos años registrados en Líbano.
El ataque tuvo lugar pocas horas antes de que el presidente Michel Suleiman viajase a Siria —en la primera visita a ese país de un mandatario libanés desde la retirada de las tropas sirias del Líbano el 2005— para mejorar las difíciles relaciones bilaterales.
El general Suleiman, que había renunciado a la jefatura del ejército para ser electo presidente en mayo, condenó el ataque “terrorista” de Trípoli y afirmó que las fuerzas de seguridad “no cederán ante los intentos de aterrorizarlas”. La bomba estaba colocada en una maleta al borde de la calzada de la calle de los Massarif, en pleno centro de la ciudad, y explotó a proximidad de un autobús civil utilizado con frecuencia por los soldados. Murieron 14 personas, incluyendo nueve militares. Trípoli, AFP