Tal como lo manifesté al éter durante una conversación con el sacerdote y periodista Eduardo Pérez Iribarne, a diferencia de todos los anteriores eventos electorales, a los que concurrí para ejercer un derecho, el recién perpetrado referéndum revocatorio supuso, para el suscrito, hacerlo en cumplimiento de una obligación —más que una diferencia de matiz—. Se dio el caso sui géneris de que una ley obligaba a los ciudadanos a cometer un acto reñido con la Constitución y acabamos nomás violándola olímpicamente. Sostuve que el país no necesitaba un revocatorio, sino un remendatorio, dada su evidente fractura.
Conocido el resultado del ejercicio comicial, lo único realmente tangible en términos de oportunidad para el MAS es la disponibilidad de pegas a partir de la acefalía prefectural en La Paz y Cochabamba, motivo por el que ya se están sacando la entretela los socios del Gobierno. Por lo demás, tanto el Presidente y los prefectos de la Media Luna han resultado empoderados con creces —Evo no pudo revolcarlos como había augurado—. De ahí que la celebración de la goleada evista tuvo, de parte de sus seguidores, tanto entusiasmo como el que se exterioriza cuando se gana un partido amistoso: por muy abultado que sea el marcador a favor, no sirve de nada. ¿Ha visto usted alguna vez que el equipo ganador y su hinchada salgan a festejar en grande un triunfo de esta clase? Es más, el propio Presidente dio —verbalmente— carácter constitucional a los estatutos autonómicos, con lo que quedaría zanjada la controversia sobre su origen, que a decir del Gobierno era sólo una “encuesta carísima”.
Si bien las posiciones no se han alterado dramáticamente, un atisbo de acercamiento ha comenzado.
Pero hay algo que se debe agregar a las preocupaciones de la vida nacional —¡como si faltaran!—: la absoluta depauperación del organismo electoral, patentizada en las observaciones que la OEA le hiciera llegar. Bolivia no aguanta un próximo proceso electoral de las características del que se materializó el 10 de agosto, cuestionado antes, durante y después.
Oficiosamente, el jefe de la misión de observadores de la OEA, Eduardo Stein, aventuró una curiosa justificación sobre la exhibición pública de las papeletas marcadas al momento de la emisión del voto en zonas rurales, calificándola como “prácticas culturales”. ¿Por quién nos toma este funcionario? El sistema interamericano debería tener más cuidado en la selección del personal que se envía en estas delicadas misiones.
En todo caso, la admisión de la violación del voto individual y secreto apunta a la incompetencia de la Corte Nacional Electoral, dado que de ella depende la capacitación de los jurados electorales. O bien no se hizo una buena capacitación, o bien los provincianos optaron por irrespetar deliberadamente la normativa para el voto. ¡Cuánta falta hicieron los partidos, celosos garantes de la transparencia electoral!
Con toda propiedad puede decirse que asistimos a la exenificación de una burda parodia democrática. ¿Habrá remendatorio?
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
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¿Del empate al desempate?
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Encuesta del día
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Mediante un referéndum por la nueva Constitución Política del Estado y las autonomías