Los bolivianos ya hablaron con civismo, claridad y contundencia, y sus líderes ni siquiera pueden hacerlo entre ellos. Esa es la triste paradoja que resume el post referéndum.
Con 67% de razones que cree le asisten para hacer aprobar su proyecto de Constitución: ¿Es que razonablemente se debía esperar que el presidente Evo Morales cambiara de posición o que los prefectos de la Media Luna, con parecidos porcentajes de argumentos, cedieran en sus aspiraciones? Siendo demasiado ingenuo, sí. Desafortunadamente la ingenuidad no es una virtud en política, más bien es todo lo contrario.
Si el presidente Morales pretendía ganar autoritas con el referéndum, se equivocó y ya lo constató. Y si los prefectos opositores esperaban que el Jefe de Estado cambiaría su posición: se equivocaron también, acaban de evidenciarlo.
A partir de ahora, ¿cuál podría ser la razón objetiva que pudiese motivar a los actores a cambiar un ápice sus posiciones cuando todos seguramente sienten una extraña sensación de ganadores en los números, pero perdedores en el fondo? ¡No hay que hacerse muchas esperanzas! porque cualquier negociación que llegue a matizar sus posiciones actuales, la van a sentir como una imposición, un acto de extrema indigencia mental o cobardía.
No creo, como muchos han dicho, que las cosas quedaron igual luego del referéndum. Ojalá; eso hubiera sido una bendición. El problema se complicó en demasía y la sola perspectiva es la agudización del conflicto. Lo único que ha quedado claro es que los líderes del proceso se esmeraron en cerrar minuciosamente todas las opciones, contrariamente a la lógica de todo político que conoce el oficio, que siempre deja a mano una puerta abierta para evitar verse acorralado y por ende ver menguada su capacidad de negociación, que es el principal capital de todo operador político.
¿Qué hacer entonces cuando internamente se han cerrado todas las opciones y la organización política regional no tiene capacidad para formar parte de la solución? Ese es el verdadero problema actual. ¿Cómo salir de la actual tesitura sin tener que recurrir nuevamente al pueblo para dirimir lo que le corresponde hacer al liderazgo?
Hay que encontrar una alternativa que sea amable con las dos partes, que no les haga perder la cara a ninguna de ellas. Precisamente para eso están las instituciones; pero, cuando éstas están muy debilitadas o simplemente no funcionan, pues se debe mirar hacia afuera. El 8 de agosto propuse la idea de un conciliador, la cual sigo considerando la mejor. Pero el repertorio de mecanismos de solución de controversias es muy amplio y permite explorar otras alternativas.
Por encima de todo, no se debe esperar a que la situación se deteriore más allá de lo reversible, o que se produzcan hechos de violencia, porque será demasiado tarde. Ya bastante tienen los bolivianos con las calamidades diarias, como para tener que asumir los costos de los platos rotos que genera la incompetencia de sus gobernantes para cumplir con la tarea que se les encomendó: gobernar negociando con sentido democrático. El que lo logre saldrá ganando, el que se imponga saldrá perdiendo.
*Francisco Nieto G. es profesor.
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