La democracia boliviana avanza pese a la crisis política. Una crisis que hacía presagiar lo peor para el evento electoral del domingo 10, con estreno de una nueva institución como la revocatoria de mandato del Presidente y los prefectos. Un ejemplar comportamiento ciudadano y un elevado porcentaje de asistencia a las urnas disiparon los temores de una jornada violenta. La victoria de Evo Morales con más de dos tercios de los votos y apoyo mayoritario en seis departamentos no deja dudas sobre su liderazgo nacional. Sin embargo, también fueron ratificados la mayoría de los prefectos, entre los que sobresalen los opositores al Gobierno. Estas autoridades enarbolan una propuesta de autonomía en cuatro regiones, en las cuales Morales obtuvo menor votación. Estos datos serían insulsos si no consideramos que una de las razones de la convocatoria al revocatorio fue el callejón sin salida de un conflicto que enfrenta al Gobierno y varias regiones. Se trata, pues, de un empate político que reproduce las condiciones de la crisis.
¿Cuáles son las características de esta crisis? La polarización como resultado de la ausencia de acuerdos en la Constituyente, cuyo fracaso dejó en suspenso la reforma estatal porque el proyecto oficialista de texto constitucional es rechazado por partidos y prefectos opositores. El fracaso de la Constituyente provocó que el pluralismo político se manifieste negativamente en una confrontación entre el Senado, controlado por la oposición, y el Poder Ejecutivo en una figura de gobierno dividido inexistente desde 1985. Por otra parte, la inédita elección de prefectos el 2005, dando inicio a la descentralización política, provocó una pugna vertical de poderes que terminó impulsando proyectos radicales de autonomía en algunas regiones, como respuesta al particularismo étnico que caracteriza el proyecto de Constitución. Además, las reyertas políticas fueron acompañadas de enfrentamientos entre civiles provocando una grave erosión del tejido social.
En esas circunstancias, el referéndum aparecía más como un riesgo que como una oportunidad para generar condiciones que permitan trazar una ruta de solución democrática de la crisis. Los resultados electorales muestran una clara apuesta ciudadana al pluralismo para que sea razón de encuentro y no de confrontación. La distribución del voto no deja dudas respecto a la fortaleza del Presidente y de los prefectos de las regiones opositoras ratificando un empate de fuerzas que obliga a la negociación como única salida a la crisis. La primera reacción de Morales fue responder esa demanda ciudadana convocando a un diálogo para conciliar las reivindicaciones campesinas e indígenas con la demanda de autonomía de las regiones. La respuesta inicial de los prefectos fue positiva, sin embargo, prontamente las cosas volvieron al cauce de la polarización con la ruptura de las negociaciones y la convocatoria a un paro en cinco regiones, una actitud que ha reforzado las posturas radicales en el MAS que consideran que la victoria de Morales es una aprobación que no implica negociación con la oposición sino la ejecución de su proyecto político, incluida la aprobación de la nueva Constitución. Retomar el diálogo es la respuesta más pertinente al mandato de una sociedad que optó porque se queden (casi) todos, quizás como última oportunidad para encauzar la reforma estatal por senderos democráticos y pluralistas.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
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