En cuanto gobierno y oposición regional se agarran de las mechas, en un Catch-As-Catch-Can a cuatro caídas, vulgo agárrate como puedas, la economía internacional da señales muy preocupantes. Algunos indicadores revelan que, aparentemente, el período de vacas gordas está llegando a su fin. Presentemos algunos hechos estilizados.
La crisis financiera de Estados Unidos parece no tener fin, las pérdidas en créditos no recuperados ya llega a la astronómica cifra de dos billones de dólares; dinero suficiente como para resolver los temas de pobreza de varios países en el mundo. Los mercados de valores internacionales están al borde del ataque de nervios. Desde inicios del 2008, las bolsas de Nueva York, Tokio, Shangai, Madrid o San Pablo han registrado una enorme volatilidad en la cotización de acciones. En promedio, los equity prices se han reducido en un 40 por ciento de sus niveles pico.
Según datos oficiales, la recesión en la economía estadounidense comenzó en el primer trimestre del 2008. En este año, el crecimiento del producto gringo, con suerte, llegará al uno por ciento. Esta caída del producto va a ser una de las más duras de las últimas décadas. Además, todo indica que el resto de las economías del mundo no van a poder desconectarse de la recesión gringa y sus desajustes financieros. De hecho, las 12 mayores economías del mundo van camino a un aterrizaje duro. Las economías que se conocen como G7 están entrando en recesión. En el año que transcurre, la zona europea y Japón registrarán un crecimiento de menos de uno por ciento. La recuperación del dólar frente al euro sería otro síntoma de pérdida de vigor económico de la Comunidad Europea. La gran interrogante está en China e India; se especula que después de las olimpiadas, los chinos jalarán el freno de mano a su economía, que está sobrecalentada, y así se profundizará la desaceleración del tren económico internacional.
La recesión internacional ya sería responsable por la caída de los precios del petróleo y ciertas commodities. Se estima que la baja puede ser de más del 30% de la reciente burbuja en la que estaban. La frenada en seco de las economías desarrolladas, al igual que de los años 70, está acompañada de aumentos de precios; todo indica que estamos frente a un fenómeno conocido como estanflación (recesión con inflación). Ahora, lo que es más delicado, la recesión en el norte y en los otros países desarrollados, podría tener el formato de “U”, lo que significa que sus economías estarían en el suelo por unos 12 ó 18 meses. Los anteriores hechos estilizados provienen de varias fuentes, pero sobre todo de las proyecciones que realiza Nouriel Roubini, profesor de Economía Internacional de la Universidad de Nueva York.
Por el momento, nuestras autoridades económicas, en algunos casos, han reaccionado con cautela y en otros han optado por la estrategia del avestruz. Los más optimistas creen que la economía boliviana tiene un blindaje cósmico que impediría que estos vientos desfavorables obstruyan el camino a la felicidad económica.
Dos hechos son preocupantes para el caso boliviano. El primero son las bajas que se han registrado en los precios del estaño, del zinc, oro y otros minerales. En efecto, el estaño, que ya llegó a sobrepasar los 11 dólares la libra, ahora se cotiza en ocho. El preció de zinc se redujo de 0,84 por libra fina a 0,7 y la plata, de cotizarse en casi 18 dólares por libra fina llegó a 14,5. Si la tendencia a la baja se consolida, éste sería un choque externo sin anestesia, para el cual no estamos preparados, como reconoció el Ministro de Minería la semana pasada. Si esto se confirma, las economías de Oruro, Potosí y, en menor escala, La Paz podrían verse afectadas.
El segundo camino por el cual los malos fluidos externos nos pueden afectar, es la reducción del precio del petróleo. Cabe recordar que unas semanas atrás el crudo se cotizaba en 147 dólares por barril; ahora, su precio de mercado está en alrededor de 115. Entre tanto, esta caída del precio del petróleo afecta, indirectamente y de manera más atenuada, al precio del gas natural y, por lo tanto, su impacto sobre la economía es menos fuerte. En los contratos de venta de gas natural existentes, el precio del energético es un promedio ponderado de varios precios del crudo. Esta fórmula actúa como amortiguador, porque atenúa las variaciones de los precios del petróleo y porque se disipa la volatilidad de éstos en el tiempo. Los ajustes en los precios del gas se hacen cada tres o cuatro meses. Aquí el choque externo viene con anestesia.
En el caso de que se confirme la caída en los precios de los productos que exportamos, la economía boliviana, felizmente, no está tan desprotegida. Las reservas internacionales en el BCB sobrepasan los siete mil millones de dólares. Sin duda, ésta es una buena grasita para afrontar el crudo invierno que podría avecinarse. Lo que no tenemos son mecanismos más dinámicos para afrontar choques externos asociados a cambios en los precios. No obstante que se ha hablado mucho de un fondo de estabilización macroeconómica de precios, este instrumento de política pública duerme el sueño de los justos en alguna gaveta en el Ministerio de Planificación o Finanzas. Y como van las cosas, se quedará como una buena intención, porque esta alcancía nacional hay que constituirla en el periodo de vacas gordas, no cuando se inicia la crisis. Sin duda, faltó decisión política y una lectura más precavida. Por supuesto es mejor hacer una revolución con salvavidas, especialmente cuando, en el mar internacional, se vislumbran olas muy grandes que presagian tiempos de vacas flacas.
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Un escuadrón de cocaleros, con armas de fuego, llegó en los últimos días a Trinidad para enfrentar a quienes se oponen al presidente Evo Morales. Uno de esos soldados del movimiento cocalero fue dominado por un grupo de gente desarmada.
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