Alcohólicos y cleferos confiesan que roban y viven en pandillas La Razón conversó con ellos en La Paz y El Alto. Hace seis años, en la urbe paceña sólo había 300 ó 400, ahora son como 2.000. En las calles viven ex reos, ladrones y más.
APROPIACIÓN • Un grupo de alcohólicos vive en el cementerio de la Periférica.
En la zona del Cementerio, en la parada de buses que van hacia Desaguadero, un grupo de 12 personas, entre hombres y mujeres, estaba sentado en las gradas de una casa. De entre ellos salió Luis (17), quien confesó: “Sí, yo robo celulares porque no quiero estar con la misma ropa”.
Su aliento a alcohol delataba su adicción, aunque contó que también “vuela” (inhala clefa).
Al principio estuvo algo callado, luego explicó que los alcohólicos y cleferos se organizan en pandillas para su propia protección. Pero, dijo, luego de consumir clefa y alcohol “se pierden” y es entonces que pelean entre ellos con cuchillos.
El miércoles, La Razón recorrió al menos cinco sectores de las ciudades de La Paz y El Alto, y conversó con los grupos de personas que viven en las calles y que tienen adicción a las drogas, al alcohol o a la clefa.
Algunos confesaron que cometen delitos para tener dinero y poder comprar alcohol o clefa; la mayoría aseguró que no hace nada. Según la Policía, este grupo de personas, por lo general, roba.
En La Paz, indica la Alcaldía, hay alrededor de 2.000 personas que viven en las calles, entre indigentes, alcohólicos y cleferos.
Publicaciones de septiembre del 2007 señalan que la Alcaldía informó que “hace cinco años la población de personas con adicción al alcohol o la clefa era de no más de 300 ó 400”.
Todos viven en las calles como Luis, que es parte de Los Intocables, su pandilla. La misma tiene como a un centenar de miembros, todos con adicción al alcohol, a la clefa o a ambos.
Los Intocables no pueden invadir otros territorios, así que circulan a diario por varios sectores de la zona Cementerio.
Sostuvo que las peleas entre pandillas son por un espacio para dormir. Ese miércoles, Luis tenía una herida abierta, de unos 10 centímetros, en su brazo izquierdo. “Me metieron un vidrio”.
“A veces, (en el grupo) no nos entendemos y nos peleamos con punta (cuchillo), pero sólo entre nosotros (...). Nos llamamos Los Intocables y somos 100. Hay en el Centro, en la zona Sur y otros lugares. Nos hemos juntado para que otros no nos molesten”.
Cuando el trago se acaba, esos grupos salen a “machetear”, que es pedir limosnas, pero en muchos casos lo hacen amedrentando. Por lo general, salen en grupos y en varios casos están acompañados de sus perros. Entre varios se acercan a una o dos personas que están juntas y no las dejan hasta que les den dinero. El comandante de Radio Patrullas 110 de El Alto, coronel Freddy Villarroel, dijo que en esa urbe hay grupos de alcohólicos y cleferos asentados bajo el puente de la avenida 6 de Marzo, en el kilómetro 7, a la altura de la Fuerza Aérea y en la parte posterior del Palacio de Justicia.
“Para lograr lo que desean están tratando, por el momento, algunos, los que son más conscientes, de limpiar los vidrios de los vehículos. Pero, hay otros también que son un tanto agresivos y amenazan a las personas, especialmente a las señoras que están con sus hijos, como extorsionándoles, para conseguir un boliviano o lo que puedan, para comprarse el soldadito (alcohol)”.
En Cotahuma, La Paz, los vecinos les temen. Contaron que sólo en el parque Obispo Bosque y en la puerta del mercado The Strongest se reúnen 20.
Otros vecinos señalaron que son los alcohólicos los que hacen de “campanas” (vigilantes) de los ladrones, pues les alertan si hay riesgo e incluso participan de los robos a las viviendas.
Por la plaza Eguino circulan las personas con adicción a las drogas. Se acercan a los vehículos para ofrecer “papa”, que es una droga. Pero, también roban.
En el paseo de El Prado casi siempre hay jóvenes y niños que inhalan clefa y piden dinero a la gente, pero aprovechan también para abrir mochilas y carteras.
Estos grupos están en todos los macrodistritos de La Paz, excepto en el de Mallasa, según Janeth Villanueva, de Derechos Ciudadanos de la Alcaldía. En el Macrodistrito Centro y Cotahuma está la mayor cantidad.
Hace tiempo, este medio informó que la sala de la Unidad de Cirugía Maxilo Facial del Hospital de Clínicas atendía al menos un caso diario de personas asaltadas a las que les cortaban el rostro. Entonces, los médicos dijeron que en muchos casos los delincuentes eran cleferos y alcohólicos que consumían “corajina” (coca, alcohol y thinner).
Luis admitió que cuando toman se vuelven violentos. “Yo le he cortado la cara a una chica porque ella me ha rascado”.
En la avenida Panamericana, en El Alto, un hombre adulto contó que estuvo 14 años en la cárcel de San Pedro sentenciado por intento de homicidio. “Le he cortado la cara a uno y cuando salí (de la cárcel) me enteré que mi mujer se metió con otro”.
Javier (19), entre risas, dijo que “le he acuchillado al desgraciado”, sin especificar de quién se trataba. Él estaba sentado en una tumba del cementerio La Llamita de la zona Periférica, La Paz.
Enseguida mostró la cicatriz que se hizo en el pecho y contó que a sus 15 años fue recluido en un hogar del Estado, “en Onamfa, por homicidio”. Su pandilla se llama Viento. “Yo era el mero, mero (el jefe) de una pandilla”, recordó.
Cerca del mediodía del miércoles, otros cuatro alcohólicos estaban sentados en la puerta de la iglesia Amor de Dios, en El Alto. A medida que pasaba el tiempo, más gente se sumaba al grupo. “Páguenos si quiere que le digamos algo”, atinó a decir uno de ellos, que estaba sobre una piedra y sostenía una botella de plástico que tenía alcohol y agua.
En frente de donde estaba ese grupo hay una cancha de fútbol. Allí, los cleferos y los alcohólicos se reúnen. Varios dormían todavía la borrachera. A una cuadra, una casa rosada albergaba a los mayores. Los que entraban son conocidos y ahí se consume alcohol, indicaron.
El olor a clefa y alcohol se sentía incluso medio metro antes de llegar ante estas personas, y quien hizo el reportaje sintió que el aroma se impregnó en su ropa.
A medida que uno se acerca a ellos, puede distinguir las cicatrices de sus rostros y cuerpos. Algunas marcas, según relataron, eran de cuchillos y vidrios, por las peleas. Uno de ellos tenía una cicatriz que le atravesaba el rostro. A otro, la marca le rodeaba el cuello y varios mostraron “tajos” en el brazo y el pecho.
Esa mañana, mientras se les entrevistaba, algunos temblaban por el frío y los efectos de la bebida. Cuando la periodista los saludó, respondieron con amabili- dad, pero hablaban “a cambio de unas moneditas”. La mayoría de las personas con adicción al alcohol y la clefa, que accedieron a responder, aprovecharon para contar los maltratos que reciben de policías y guardias ediles.
Mostraron costillas salidas y moretones en las piernas. Luis tenía el ojo morado y la ceja partida por “un toletazo que me dieron día antes los frutillitas”.
Recordaron también las veces que defendieron a las mujeres que duermen con ellos, porque “los policías se las llevan para violarlas”, denunciaron.
Javier expuso las, al menos, 20 cicatrices de su brazo izquierdo, que representaban las veces que intentó matarse. “He tratado de matarme, hasta me he ahorcado, pero no pasa nada”. Su amigo interrumpió y dijo: “De mí se me ha roto el cinturón allá y he bajado adolorido de mi espalda”.
El grupo Viento enterró a sus amigos en el cementerio de la Periférica, donde se reúnen. “Eran changuitos de 20, se han muerto por la cirrosis”, dijo uno. Otro aseguró que los policías “no nos molestan. Se han vuelto nuestros amigos porque saben que no hacemos nada y les avisamos si vienen a desenterrar algún cuerpo”.
OTRAS HISTORIAS
En La Llamita • El miércoles, un policía llegó hasta el lugar, era un sargento en estado de ebriedad, su hijo había muerto. Se acercó al grupo Viento, saludó a cada uno y se quedó. Ellos dijeron que hay policías que son sus amigos y en ocasiones van hasta allí a compartir un “traguito” y luego se van.
Luisa • Cerca de la Subalcaldía de Cotahuma, Luisa, de unos 60 años, contó que era madre de dos hijos. Duerme frente al edificio edil con otras personas, casi todas mayores de 50 años. Indicó que uno de sus hijos vive cerca, pero no se anima a hablarle. Con la mirada perdida y tratando de articular palabras, relató que se fue a la calle porque uno de sus hijos la golpeó.
“Busco a mi hijo” • “Tal vez es un alcohólico, tal vez consume drogas. Tiene su hogar, tiene dos niños. Yo soy madre, yo tengo que cobijarlo”, dijo Luisa, quien pidió una moneda y se fue.
Testimonios
“A los chicos les quitan mochilas” P.R. Vecino de la ciudad de El Alto.
“La dueña de esa casa (señala) les vende a veces. Allí adentro hacen sus necesidades e incluso una vez un policía ha entrado y ha salido rápido por el olor que hay. Es peligroso caminar hasta tarde, pero lo malo es que la iglesia Amor de Dios los socapa porque los alcohólicos lavan su ropa allí y hacen cercar, y nadie les dice nada. Son peligrosos, he visto cómo a un estudiante lo acuchillaron para robarle y lo dejaron aquí botado. Les quitan las mochilas a los chicos”.
“Pelean y roban en el cementerio” R.S. Vecino de la Periférica.
“Ellos viven allí en el cementerio. Están todo el día, pero salen en las noches y es bien peligroso andar por aquí. A veces también salen en las tardes y cuando pasan destrozan los ladrillos y van alzando todo lo que está en las puertas de los negocios. Otras veces también se pelean y además nos molestan todo el tiempo. La gente ni puede caminar tranquila porque empiezan a provocar. A la misma gente que va al cementerio la asaltan, la Policía sube pero no hace nada”.