China es el centro de los elogios por la delicadeza y esmero con que llevó adelante el magno evento del deporte internacional. No hay duda que al final el saldo es a favor.
Las luces se apagan poco a poco, el sonido, como eco lejano, anuncia que la fiesta acabó. El mundo no deja de elogiar a China por la delicadeza y esmero con que llevó adelante este magno evento deportivo.
A la hora del balance, el saldo es a favor, sin ninguna duda, los números marcarán un registro sin precedentes.
El país organizador, China, se abrió al mundo y abrió los ojos del mundo con una organización impecable. Una infraestructura deportiva a tono con el nuevo siglo. El estadio Nacional, el Cubo de Agua, los coliseos, en fin, todos los escenarios construidos a todo lujo. Las ceremonias de apertura y clausura pusieron a prueba el talento y habilidad de poder mostrar su extraordinaria riqueza cultural.
Fastuosas demostraciones que impresionaron a los privilegiados asistentes al estadio y a través de la televisión a todo el mundo. China, el país de los 1.300 millones de habitantes, había superado con creces la expectativa generada sobre los Juegos Olímpicos.
A veces el dinero no lo es todo, hace falta la hospitalidad, el cariño, el calor de la gente, el calor del deporte. Beijing tuvo ese agregado mágico y sutil, que hizo la diferencia con eventos similares.
Tan respetuosa fue la gente que cuando jugaron Argentina y Brasil la semifinal del fútbol en el Estadio de los Trabajadores, decidió apoyar a los dos. Así, se podía escuchar a los 60 mil espectadores gritando: ´Argentina... Argentina´, y a los pocos minutos ´Brasil... Brasil´.
China sigue celebrando sus 51 medallas de oro, con las que superó a EEUU incuestionablemente. Unos grandes Juegos no sólo hay que organizarlos bien, hay festejarlos y disfrutarlos con triunfos, y eso lo hicieron a la perfección.
Los dueños de adelantos tecnológicos y científicos que registra la historia de la humanidad, cuyos logros se refieren a la brújula, la pólvora, el papel, la imprenta, el reloj y otros, ahora son dueños del elogio y la felicitación.
Estos Juegos pasarán a la historia por la extraordinaria actuación del nadador estadounidense Michael Phelps, el de las 8 medallas de oro, superando al que parecía inalcanzable, su compatriota Mark Spitz.
La flecha acuática estremeció al mundo desde el Cubo. Cuando le preguntaron, en la conferencia de prensa después de su octava medalla, qué es lo que deseaba en ese momento, él respondió con humildad: “Estar en mi casa, descansar 10 minutos en mi cama. Libre de todo”. Se terminaron los Juegos de Beijing y como el titular de este periódico.... Mientras usted descansa, La Razón trabaja. Y así fue. Al otro lado del mundo, mientras palpitábamos éxitos deportivos, todo un equipo trabajó.