En 183 años de vida dizque independiente nada, excepto los discursos políticos, casi cambiaron. Con la República dejamos de depender directamente de España. De a poco, algo así como ´sin querer queriendo´, pasamos a poder de EEUU. Desde que Evo Morales asumió la presidencia, vamos dejando cierta sumisión al país del norte para pasar raudamente a la de la cuna de nuestro Libertador: Venezuela.
Mas, nunca renunciamos íntegramente a la dependencia a la Madre Patria, que sigue atendiendo pedidos de ayuda tanto directa como a través de programas solidarios. Y, pese a que el Gobierno encarna una lucha frontal contra el ´imperialismo yankee´, el vicepresidente García viaja a Washington para pedir ´por favorcito´ que nos sigan dando beneficios; mercedes que, a mi juicio, nos permiten seguir comprando marraquetas cada vez más chiquitas, a fin de guardar la línea, no porque haya crisis en el país, aclaro. Finalmente —y siempre izando bandera de pobreza— pedimos una colaboracioncita de cheques a Venezuela y de atención de profesionales médicos a Cuba (algo así como la madre putativa de Chávez). Resumiendo: No tenemos ´dueño´, ¡somos libres! Es sólo que ahora servimos a tres ´señores´, pero por voluntad propia, porque si no nos da la gana, no tampoco… ya habrá alguien que nos acepte como somos… ¡qué siempre!
Entonces, hay que explicar a los ciudadanos mal pensados que toda ´recomendación´ externa no es intromisión. Es porque Bolivia se parece a mi sobrina Julieta, que se emancipó a los 14 años porque no soportaba los discursos maternos; lo de su embarazo no tuvo nada que ver... luego descubrió que el tipejo era casado. Para ´vengarse´ —jamás por hambre como chimentaron las viejas de la iglesia— se fue a convivir con un chango pintudo… terminó con otro hijo y pronto lo dejó por buscar mejores rumbos —él nunca la abandonó como viene gritando su tía, prueba de ello y del buen corazón del chico es que cada mes le pasa 50 pesitos. Como salió de su casa ´tan inocente´, un rentista se la terminó agarrando. Pero aún así, ella intenta disfrutar la vida y de cuando en cuando se da una escapadita. Después de todo, tiene que aprovechar antes de que se le note el nuevo embarazo…
Ahora, cuando su madre le ´sugiere´ algo, ella se queja al resto de los familiares —que no somos una bola de fisgones, sólo velamos por sus derechos humanos—. Pero, cuando July necesita leche para las guaguas, acude a su madre, que por supuesto ´tiene la obligación de darle´, porque si no también es violación de derechos.
Ya en serio, ¿alguien me puede explicar en qué consisten esos cuentos de la libertad y la independencia?
*Karem Gandarillas M. es comunicadora social y escritora.
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Miss "Hawaiian Tropic"
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