Es fácil imaginar lo molesto que uno puede sentirse si no se puede dormir después de 24 horas. Pero, ¿es posible imaginar lo que pasaría si no se lo puede hacer por tres años? Parece imposible. Sin embargo, esto es lo que le sucedió al pequeño Rhett Lamb de San Petersburgo, Florida (EEUU), quien debido a una rara malformación congénita nunca durmió por la noche o en la siesta desde que nació, hace tres años; sólo lo hacía una o dos horas por día como máximo.
Obviamente su humor no era el mejor; por el contrario, estaba todo el día extremadamente irritable e inquieto. Sus padres, Shannon y David, debían vigilarlo día y noche. A mediados de mayo, se le realizó con éxito una cirugía experimental en el Hospital de Niños de San Petersburgo. Hoy continúa en observación en su domicilio, pero el niño ya pudo conciliar el sueño.
Al poco tiempo de que Rhett naciera, sus padres lo llevaron al doctor porque sentían que “algo andaba mal”; sin embargo el profesional consideró que se trataba de una madre “ansiosa”. Fue así como iniciaron un largo peregrinar de pediatra en pediatra y escucharon muchos diagnósticos. El niño estaba despierto casi las 24 horas del día y eso desconcertó por años a sus padres y a los médicos. “Mi esposo hace la ronda de día y yo hago la de la tarde. Compartimos el turno noche porque de todas formas no se puede dormir en casa cuando él está despierto”, explicaba Shannon, la madre. Los papás se enteraron del diagnóstico de su hijo: malformación de Chiari o síndrome de Arnold Chiari, defectos en el cerebelo. El Clarín