“Queremos saber qué tanto hacen en esta casa. Por qué hay un señor (el dueño de casa) que sólo viene en las noches y temprano se va, es bien extraño”, contaron dos mujeres a los oficiales de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico de El Alto (FELCN), durante un operativo. Antes, las mujeres preguntaron a los oficiales “¿ustedes qué hacen aquí?”. Ellos respondieron que en el lugar encontraron una fábrica de cocaína, pero “nunca encontramos al dueño”. La dos mujeres relataron que el hombre iba al lugar, pero a altas horas de la noche. Acotaron, “vienen en carros grandes”. Diariamente los oficiales de la FELCN reciben denuncias de vecinos de las diferentes zonas de la ciudad de El Alto. Informan de hechos extraños, en o cerca de sus vecindarios, que probablemente están relacionados con actividades del narcotráfico. Las denuncias son hechas en persona o a la línea gratuita del 800-16-4000 de manera confidencial para precautelar la seguridad del informante. Una vez recibida la información, los oficiales de la FELCN realizan averiguaciones para confirmar esos datos. Si se confirman, comienza un trabajo de seguimiento hasta dar con la fábrica y los narcotraficantes, indicó el mayor Alfredo Villca, jefe regional de la FELCN de El Alto. Por día, al menos dos informaciones recibidas al número gratuito son verdaderas. “Los ciudadanos, por lo general, comienzan a sospechar de hechos ilícitos, del olor que emana por el proceso de fabricación de cocaína y por el movimiento de personas que lo hacen sólo por las noches”, explicó un personero de la FELCN. Normalmente, las personas que fabrican cocaína en los domicilios lo hacen en zonas muy alejadas de la ciudad, pero no son las propietarias de esas casas. “Los narcotraficantes casi siempre están en calidad de alquiler, porque les resulta más barato y seguro que comprar una vivienda. Además, esos domicilios no están registrados en Derechos Reales y es más complicado ubicar a los dueños”. Cuando los oficiales de la FELCN realizan sus operativos y están seguros de dónde está ubicada la fábrica, generalmente van vestidos de civiles. “Es para no levantar sospechas y no poner en alerta a los narcotraficantes y para que los vecinos no se sientan amenazados”, explicó Villca. Las mujeres dijeron “nos da miedo decir algo, tal vez se venguen”. El mayor Villca aseguró que “para proteger su seguridad, los nombres de los informantes nunca se revelan”.